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(10) EN MOMENTOS DE CRISIS…: JESÚS MA AGUIÑAGA

En momentos de Crisis…

En momentos de crisis ¿habrá alguien exento de desesperación, alguien que no tenga en lo profundo una inquietud, una perturbación, una desarmonía, un temor a no saber qué hacer, a lo desconocido que no se puede conocer, el temor a una eventualidad exterior o temor de sí mismo? Pues algo de esas preguntas ha aflorado entre nosotros desde hace semanas o meses. Estas cuestiones tocan lo vulnerable de la creación, la pequeñez del hombre en el misterio de la vida y de la muerte, en el misterio de la salud y de la enfermedad…

En momentos de crisis nos reta el dar sentido a la vida, a seguir buscando aquello que de verdad sostiene, aquello que salva, aquello que permanece, aquello que redime, aquello que cuando se acerca, toca y habla, lo hace sólo desde el amor, aunque en momentos duela. Recorriendo el camino de la vida encontramos tantas herencias, vivencias, experiencias que enseñan, reprenden, amonestan, sugieren, corrigen…; parecería como si aquellas palabras del Génesis se dirigieran a cada uno de nosotros: «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9), «¿Dónde estás?» (Gn 3,9); ¿parecería como si Dios nuevamente expulsara al hombre de su presencia (Gn 3,24; Gn 4,16) y quedara desposeído de la tierra (Gn 3,24; Gn 4,16)? Así habrán estado viviendo tantas personas con el fenómeno pandémico que ha puesto al hombre al descubierto de su vulnerabilidad ante algo microscópico, invisible al ojo humano, incluso, al microscopio convencional. Aun cuando ha crecido la fe en la ciencia, haciendo creer al hombre que es inmortal, tocados en lo débil, hemos de valorar lo pequeño y lo sencillo, de lo contrario seguirá creando problemas complejos la enfermedad, la muerte, el sufrimiento físico y espiritual…

En momentos de crisis nos podrá ayudar el valorar el sentido de la vida, y ¿cómo no hacerlo cuando la pandemia nos hace encontrar nuestra finitud? Aunque el sentido de la vida se vuelva más apremiante y bañado de angustia en momentos de sufrimiento, ante el miedo de morir, esto mismo nos ha de impulsar a la vida misma, a la vida con sentido, y ésta no puede existir lejos de Dios…

En momentos de crisis ha de crecer lo que realmente salva, entonces el cristiano en cualquier estado espiritual que se encuentre, se sabe sediento de constante vida interior porque hay fe, y ésta le da sentido a la vida, lo fortalece en la esperanza – que penoso vivir sin esperanza, simplemente se deja de vivir aun viviendo –, lo prueba creciendo en la caridad…

En momentos de crisis ayuda el escucharnos activamente, valorando la empatía, caminando con el otro en su congoja, tocando el bolsillo con la misericordia… y sorprendidos por Él diremos: «Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso y te socorrimos?» (Mt 25,31-46) …

Dr. Jesús Ma Aguiñaga Fernández
Decano de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la UPM

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