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(14) NOS AISLAMOS POR AMOR: CATALINA GALLEGO

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NOS AISLAMOS POR AMOR

Estábamos escépticos y poco preparados para enfrentar una pandemia. Las primeras noticias que se escucharon sobre esto no generaron la atención o preocupación que el tema requería, nos era ajeno a la realidad y lo veíamos como algo que simplemente como muchas otras cosas pasarían y no nos afectaría. No veíamos llegar el coronavirus, la vida debía continuar como siempre con sus rutinas, aciertos y preocupaciones, tan ensimismados en nuestros planes a mediano y largo plazo que quizás poco o nada nos importó esa realidad que considerábamos sólo pasaba en oriente.

Todo cambió, de un momento a otro debíamos permanecer en casa, saliendo sólo para aprovisionarnos de lo básico, todo el día solos o compartiendo con nuestra familia de una manera que nunca nos habríamos imaginado, con muchas cosas por hacer que con el pasar de los días se van convirtiendo en poco, con más ganas que nunca de ir a abrazar a familiares y amigos, de compartir con ellos un café, de ver de nuevo esas sonrisas o escuchar esos relatos que antes no habíamos valorado de la misma forma, porque el afán del día a día nos impedía disfrutar de esos pequeños momentos de felicidad, el egoísmo y la indiferencia hizo que nos aisláramos ante el sufrimiento y las necesidades de los otros.

Pero el aislarnos debe tomar otro tinte; hoy no nos aislamos por egoísmo, lo debemos hacer como una muestra de amor propio, amor a quienes nos rodean y amor al prójimo, a ese que no conozco pero que su realidad también me tiene que doler; como lo dijo el Papa Francisco: “En esta barca, estamos todos” y todos estamos llamados a cuidarnos y socorrernos, apartándonos de la indiferencia y el egoísmo. Es una buena oportunidad para conectarnos con Dios, con nosotros mismos, con esos familiares y amigos que hace mucho no vemos o con los que ya no hablamos; no podemos continuar igual luego de esto, algo tiene que cambiar en nosotros, el reconocer que no somos autosuficientes, la necesidad que tenemos de los demás y de lo mucho que podemos hacer para que los otros estén mejor.

Para algunos el trabajo se trasladó a casa, pero para otros simplemente la realidad los golpeó con la perdida de sus empleos, sin un sustento diario con el cual puedan garantizar su existencia. Es ahí donde esto nos toca y nos tiene que movilizar a realizar acciones que no solo nos pongan a salvo, sino que garantice un mínimo vital para los que están a nuestro alrededor, para la gente que no cuenta con las posibilidades sociales y económicas de sobrellevar la situación.

Este domingo en todas las eucaristías del mundo se escuchó el salmo que lanza una súplica desesperada a Dios: “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?”, cada uno de nosotros en algún momento ha creído sentir el abandono del creador. La situación actual ha generado que esa sensación se profundice en los corazones de muchos, pero en ese mismo salmo hay una bella expresión, la cual debe consolar nuestros corazones y llenarnos de fortaleza en este tiempo de soledad y recogimiento:

“Fuiste tú quien del vientre me sacó,

a salvo me tuviste en los pechos de mi madre;

a ti me confiaron al salir del seno,

desde el vientre materno tú eres mi Dios,

¡No te alejes de mí, que la angustia está cerca,

que no hay quien me socorra!”

Este aislamiento, debe ser una oportunidad de recogimiento para reflexionar en tantas cosas que debemos cambiar, es el momento que Dios a dispuesto para encontrarnos con él y fomentar en nuestras almas la fe, la esperanza y caridad. Caridad que debemos poner en práctica más que nunca con nuestros hermanos, con acciones concretas que fomenten la solidaridad y los lazos de unión. Vivir por amor y con amor, ese debe ser la consigna en este tiempo, debemos hacer sentir con nuestras palabras y obras a nuestro prójimo que no está sólo, que es hijo de Dios y que hoy más que nunca él nos está llevando en sus brazos, cargando nuestros sufrimientos y angustias.

Nos aislamos por amor, para volver a abrazar familiares y amigos, para entre todos construir un mundo más equitativo, donde el amor sea la acción que lo mueva todo; por eso y aunque estemos lejos, edifiquemos lazos de amor y amistad.

Hagamos de este aislamiento de cuerpos una comunión de corazones.

 

Catalina Gallego Barbier

Abogada especialista en Derecho de familia

Medellin- Colombia

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