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(15) CUANDO SEMBRAMOS ESPERANZA, COSECHAMOS AMOR: DARÍO GAMBOA

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CUANDO SEMBRAMOS ESPERANZA, COSECHAMOS AMOR

“Sembrar Amor en el terreno de la mente y el corazón es cosechar hermosos frutos espirituales”

Darío Gamboa 

Hola querido lector me dirijo a ti con la sencillez de un niño, la inquietud de un joven y la contemplación de un adulto mayor.

Te saludo con mucho cariño esperando de todo corazón te encuentres bien en todo sentido.

Sabemos que en este momento el mundo ha tenido una diversidad de cambios por el tema del COVID-19, por tal motivo quisiera dirigirme a ti, un pequeño instante,  deseando que estas líneas sean gotas del cielo en la tierra, es decir pequeños momentos de reflexión en donde contemplemos la mirada  de la esperanza en un momento en donde para algunas personas hay desesperanza.

Para poder hablar de la desesperanza tendríamos que comenzar preguntándonos. ¿Qué significa la palabra esperanza?.  La palabra esperanza es definida por la Real Academia Española como el estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. La psicología relaciona a la esperanza con el optimismo.En la religión cristiana católica y en esta doctrina, es una virtud o característica de tipo teologal por la que se espera que Dios dé o le otorgue los bienes que ha prometido.

De esta última definición es muy importante resaltar la palabra esperar que significa según la Real Academia Española Creer o saber que sucederá una cosa.

Pero, ¿Qué sucede cuando dejo de creer? o bien ¿ya no deseo esperar?, llega la desesperanza.

Según el psicólogo Daniel Molina comenta que la desesperanza puede llegar a ser un “gran martillo” que nos golpea tan fuerte, que es capaz de destrozarnos las ilusiones, nuestras motivaciones, e incluso, nuestras ganas de vivir. Se alimenta de la amargura producida por los malos momentos. Si caemos en ese pozo oscuro y desolador, nos costará mucho volver a salir a flote.

¿Hasta dónde puedo golpear mis pensamientos, emociones y espíritu con la desesperanza?

La desesperanza es una semilla en el ser humano que sufre y puede llevarlo a engendrar pensamientos de desilusión y apatía dando como resultado los frutos de la ansiedad y la depresión.

Nuestra mente y espíritu son terrenos sumamente fértiles, que ayudarán por naturaleza a cosechar todo lo que ahí depositemos. Sí deseamos depositar semillas de amor, tranquilidad, paz, serenidad, comprensión, etc, cosecharemos bienestar y salud mental. Sin embargo si sembramos lo contrario florecerán los frutos de la ansiedad y la depresión, en donde el malestar y la enfermedad podrían apoderarse de nuestras vidas.

Por tal motivo te traigo tres breves reflexiones con la finalidad de invitarte  a contemplar la virtud de la esperanza, como una digna espera basada en el amor.

La sencillez de un niño.

Observa a tu alrededor a tantos niños, sus sonrisas, el anhelo de  jugar, bailar, disfrutar, pero sobre todo crear.

Por medio de la imaginación un niño es capaz de crear escenarios, los cuales les permite ir de un mundo maravilloso a otro.

Qué hermoso sería que nuestros pensamientos tuvieran esta sencillez natural de un niño, en donde nuestra creación mental y emocional sean esos escenarios de aprendizaje, gratitud y amor, que me lleven a descubrir el hermoso paraíso que vivimos en la tierra, en lugar de identificarse con el coronavirus, los problemas económicos, las decisiones del gobierno, los comentarios negativos de los amigos o vecinos, que solo nos llevan a proyecciones de inseguridad, intranquilidad y terror; simplemente crear oportunidades de crecimiento con cada uno de los seres que nos rodean. De una manera sencilla, sonriente, platicando, compartiendo un café por medio de un video llamado, creando momentos de felicidad. Esa felicidad que no es pasiva sino dinámica que me lleva constantemente a salir de mi zona de confort para poder conectar con la alegría y el optimismo  que teníamos en la infancia y que en algún  lugar de nuestro ser, la olvidamos.

Abre los ojos y ve con sencillez las maravillas que te rodean desde lo más noble y pequeño como lo puede ser una simple hormiga, hasta el brillar de los ojos de las personas que tienes a tu alrededor, el aroma de la naturaleza. Teniendo un sano desapego de las cosas materiales para comenzar a  reencontrarte con tu maravillosa esencia espiritual.

La inquietud de un joven.

Cuando observamos la juventud se puede admirar la fuerza, el ímpetu por conquistar, la elevada energía por comerse al mundo de un solo bocado, y qué decir de la rebeldía que en ocasiones aparece.

Es por tal motivo que al admirar la juventud me lleva a pensar que en estos tiempos de crisis por el COVID-19, debemos nuevamente sumar todos estos elementos y ser rebeldes; sí, ser rebeldes con Amor.

Rebelémonos del instinto por compartir mensajes de desánimo, alarmistas y desagrado. Rebelémonos  de la apatía, el egoísmo, la soberbia y el hedonismo de esperar solamente en recibir.

Seamos verdaderos revolucionarios de Amor, en donde las virtudes de la esperanza y el amor por la humanidad, sean esos estandartes que permitan sumar a más corazones con nuestros testimonios de vida. Esas personas que levantan la voz para agradar, bendecir, calmar, tranquilizar y fortalecer a tantos corazones lastimados y dolientes por las pérdidas recibidas.

Generemos una verdadera revolución en el Amor, en donde el resultado final sea un genuino encuentro en oración, unidad, tolerancia,respeto y la bondad por prójimo.

La contemplación de un adulto mayor.

Cuando se contempla a un adulto mayor, que ha vencido sus pasiones, sus complejos y sus miedos; nos encontramos frente a verdaderas gotas de amor en la tierra, en donde cada palabra, mirada y gesticulación, invitan con gran humildad a verla sabiduría divina.

En la contemplación podemos aprender a desconectar la lucha mental,de especular e identificarse constantemente en escenarios de caos y miseria. La contemplación invita a quedarse en silencio y sin interpretación, simple y sencillamente ver la belleza de Dios en lo que nos rodea.

Hoy más que nunca debemos contemplar a nuestra familia, sociedad,  países,  naturaleza y buscar comprender que si entrelazamos los corazones se puede restablecer el orden, pues una de las cosas maravillosas que nos pueden enseñar los adultos mayores es el valor del tiempo; cuando el tiempo es valorado, pasamos de ver las cosas materiales a contemplar los aspectos espirituales de la vida.

Deja que la sencillez de la vida te lleve a la elegancia del amor, que la inquietud te permite utilizar la fortaleza y sembrar paz y tranquilidad en tu futuro. Y por último que la contemplación te lleve a voltear hacia atrás y despiertes a este gran aprendizaje de vida, en donde seamos una bella red de amor en este grandioso camino llamado vida.

Pues como bien dice Aristóteles “La esperanza es el sueño del hombre despierto”.

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