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(5) UNA MIRADA CREYENTE: MONS. LUIS MARTÍN BARRAZA

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UNA MIRADA CREYENTE

Mons. Luis Martín Barraza Beltrán

Obispo de Torreón

Y Dios, ¿dónde queda en esta pandemia que estamos padeciendo? ¿Nos está castigando por nuestros pecados? El problema del mal siempre amenaza escándalo para la fe en el Dios bueno, que se nos ha revelado como Padre misericordioso en Jesucristo. Esto se puede resolver, en parte, diciendo que mientras seamos seres en camino hacia la plenitud, puede haber accidentes en el trayecto. Y como todas las creaturas estamos en la misma situación, la falta de armonía puede venir de cualquier parte. Y,  ¿por qué una creación tan imperfecta? La creación «sufre dolores de parto», porque lleva en su seno un proyecto divino, al cual trata de dar a luz: «Pero no solo ella, también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior suspirando para que Dios nos haga sus hijos y libere nuestro cuerpo» (Rom 8,23). Es el «ya, pero todavía no» de la fe. En «semilla», es relativamente perfecta la creación, pero le falta liberar todas sus potencialidades. Alcanzará su perfección a condición de que introduzca a Jesucristo en ella, decimos los creyentes: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada…? Pero Dios que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas» (Rom 8,35-37).

Esta limitación creatural se complica por la presencia de la libertad humana, que toma decisiones equivocadas. De hecho, desde la fe, decimos que, por el pecado, entró la muerte en el mundo (Rom 5,12), el cual es un acto de libertad fallido. Y volverá a resonar la pregunta: ¿Por qué, si Dios es todopoderoso, no evita que el hombre haga daño a sus hermanos? La libertad es un gran regalo de Dios al hombre, para que la ejerza al servicio del amor y comporta siempre el riesgo de ser sometida por el egoísmo. Pero no se debe olvidar que será siempre la libertad de un ser humano al que se le ha regalado la existencia y con ello una misión. Nadie puede negar que hay muchas cosas en él, las más importantes, que ya estaban cuando llegó a ejercitar su libertad.

En el trasfondo de estas ideas, podemos decir que la emergencia de salud que vivimos está sucediendo porque es un dinamismo natural del orden de cosas limitado que vivimos. Simplemente nos debemos resignar a que las cosas son así y ya. Pero hay a quienes no les satisface esta explicación. Otros, más malévolos, la tomarán contra el Ser Supremo. Pero muchos otros se atreverán a pedir respuestas más radicales. Sin descartar el nivel natural de la respuesta, sienten necesidad de involucrarse más, de no asumirlo pasivamente, sino de interpretarlo para asimilarlo y evitar colaborar con el mal. Se arriesgan a la lectura de la fe, aunque tengan que renunciar a sus propias categorías.

Lo primero que escuchan desde la fe es que nada queda fuera de los inescrutables designios de Dios: «En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados…» (Mt 10,29-30). No estamos a la deriva, estamos bajo la mirada de Dios. El creyente, en su anhelo de entender la adversidad, se pone de rodillas frente a Dios y hasta se reconoce pecador. Nadie lo acusa, es la condición para apropiarse de una fuerza que no está en él, sino que solo puede recibir.

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