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El rostro profético de la vida religiosa en la prevención de la Iglesia

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María Rosaura Glez Casas stj

 Miembro de la Comisión para la Tutela de la UISG-USG

 

El rostro profético de la Vida religiosa lo podemos palpar siempre vivo y actuante en las religiosas y religiosos de America Latina y el Caribe, sobre todo en su compromiso de vida y misión. El Espíritu es quien mueve e interpela fuertemente a mujeres y hombres que entregando su vida totalmente quieren responder a estas llamadas del Señor Jesús con los más pequeños y vulnerables sobre todo en lo que se refiere a los abusos sexuales.

La vida consagrada Latinoamericana y Caribeña en su Conferencia (CLAR) ha dado diversos pasos a este grito de dolor de los más vulnerables. Se han organizado múltiples redes a nivel Continental: contra la trata de menores, con los migrantes en riesgo de abuso, y últimamente para combatir los abusos sexuales al interior de la Iglesia, formando en el 2017 una Comisión para el Cuidado y Protección de Niñas, Niños Adolescentes (NNA) y Adultos Vulnerables (AV) a nivel Continental. Esta Comisión además de organizar seminarios de formación para superiores mayores, formadores y agentes de pastoral a nivel continental, regional y local, desea que en cada uno de los 24 países miembros de la conferencia, se forme una comisión para el Cuidado y Protección de NNA y AV que ayude y asesorare a las distintas Congregaciones que se encuentran trabajando en los diversos países. Para la preparación de los especialistas que formarán esas comisiones locales, la CLAR, enviará a los distintos religiosos y religiosas propuestos por la Conferencias Nacionales para que estudien en el “Centre of Child Protection” sección español de la Pontificia Universidad Gregoriana.

Para lograr una prevención sólida, que haga de la Iglesia un “lugar seguro” la Comisión de Cuidado y Protección de NNA y AV se ha propuesto un horizonte a nivel continental: la creación de una nueva cultura relacional que consolide “la cultura del buen trato”. ¿Por qué nos parece tan importante trabajar por una nueva forma de relacionarnos para crear ambientes seguros?

El machismo enraizado en la cultura latinoamericana y caribeña, y el clericalismo como un mal sistémico en nuestra Iglesia, son los principales generadores de relaciones de abuso de poder, en particular abuso de la mujer y en general abuso del pueblo de Dios. Este tipo de relaciones no representan visible (en sus relaciones) y públicamente (en su organización) el plan de Dios para la humanidad ni para la Iglesia y por tanto se atenta contra su sacramentalidad en el mundo. Ha sido ampliamente comprobado que en todo abuso sexual, hay un abuso de poder y de confianza sobre la víctima y que el clericalismo, como manifestación de abuso de poder y de conciencia está en la raíz de los abusos sexuales de la Iglesia. Por tanto trabajar por la sinodalidad en todos los ámbitos eclesiales promoviendo un cambio de relaciones entre hombre y mujer, entre clérigo, mujer y pueblo de Dios será la base para una cultura de la prevención.

El Vademecum en este sentido, es un instrumento pràctico, eficaz y orientativo; no sòlo para las diversas Diocesis y Congregaciones de religiosos. Expresa la importancia del tema de los abusos a menores y personas vulnerables y es una “actualización” que responde a los desafíos que las normas y las praxis van presentando.

Con respecto a esta actualización sobre la praxis de los casos de abusos sexuales quiero retomar tres aspectos que me parecen fundamentales para la credibilidad de la Iglesia y para trabajar por una nueva cultura relacional:

  1. En cuanto a la atención a las víctimas hay que destacar que el VADEMECUM en el num 1641, siguiendo el “Rescripto sobre la confidencialidad de las causas” del Papa Francisco, propone que se informe a las víctimas sobre las distintas fases del procedimiento. Esto nos crea esperanza en cuanto a la trasparencia para con las víctimas denunciantes esperando que tengan la debida información sobre las investigaciones, procesos y sus resultados.
  2. Propongo la profundización y toma de conciencia del término “adulto vulnerable” (incorporado en el motu propio Vox Estis Lux Mundi) como un aspecto fundamental para la promoción de una nueva cultura relacional. El “rol o estatus de poder” de clérigos religiosos y religiosas (acrecentado por el clericalismo y el machismo), en la relación pastoral, pone en desventaja relacional, en vulnerabilidad y en riesgo de abuso de poder, abuso y manipulación de conciencia y abuso sexual a jóvenes, adultos, personas en formación y adultos vulnerables.
  3. Me parece importante difundir a través de todos los medios posibles nuestra clara postura como Iglesia de NO al ABUSO DE PODER y DE CONCIENCIA y crear una regulación en este sentido para obispos, clérigos, religiosos y religiosas, ya que la praxis demuestra que ambos están a la raíz de los abusos sexuales.

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