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La centralidad del niño en la misión de la Iglesia: Manuel Hurtado

papabesa
Atención a los más pequeños.
Mateo 18, 1-14
Quiero compartir con ustedes una reflexión sobre el texto de Mateo 18, 1-14 para iluminar y profundizar sobre el tema de la prevención de abuso al menor que hoy, en la Iglesia, es un tema importante y urgente.
A partir de una pregunta hecha por los discípulos, Jesús nos deja una enseñanza fundamental para todo cristiano: “¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos?”(v 1).Como siempre Jesús nos sorprende. Sus palabras siempre son una invitación a cambiar de parámetros, de estructuras, de formas de ver la vida y de actuar.
Jesús tomó a un niño y lo puso en medio (v 2). Algo que ningún judío habría imaginado. Y quizá, aún en nuestros días, sigue siendo sorpresivo.
Que hubiera niños alrededor de Jesús es ya un hecho extraordinario. Escuchar a los rabinos era asunto de adultos, al menos en público. En otros pasajes de Mateo y Marcos se puede ver que había menores que acudían a escucharlo.
Y no solo puso en medio al niño, sino que lo propone como modelo a seguir: “Si no se hacen como niños no entrarán en el Reino de los cielos”(v 3). Ellos son un ejemplo, un punto de referencia y no una meta. A diferencia de Marcos y Lucas, Mateo agrega “si no se convierten”(v.3), es decir, si no asumen las actitudes y conductas propias de un niño no entrarán en el Reino. En una sociedad como la judía, en la que el niño no tenía personalidad jurídica, “ni voz, ni voto”-como decimos-, la propuesta de Jesús suena fuerte. Hoy nosotros entendemos que “hacerse como niño” implica la sencillez, implica aquello que el salmo 131 dice: no soy orgulloso… no pretendo grandezas…”; es la actitud del que sabe que no puede solo, que necesita de otro para sentirse seguro. El niño es la personificación del pobre,aquel para quien está reservada la primera bienaventuranza.
De la necesidad de hacerse como niño pasa a la acogida o recepción de los niños (v 5). Recibir a los niños es la manera de solidarizarse con los últimos, con los despreciados. Este punto nos remite a Mt 10,40 donde Jesús había hablado de los premios a quien reciba a sus discípulos: “El que los reciba a ustedes, me recibe a mí…”, y esto nos hace situar a los niños como miembros de la comunidad eclesial, como discípulos de Jesús. Situación de la que no gozaban en su tiempo.
Y ahora el discurso pasa a otro nivel, al escándalo o tropiezo provocado a los pequeños (v6). Dada la composición del texto, se entiende que “los pequeños”, de los que ahora habla, son los niños que ha puesto como modelo al inicio. Jesús enfatiza que son “los pequeños que creen en mí”, es decir, de nuevo se entiende que los considera miembros de la comunidad eclesial. Y aquí es donde se encuentra la raíz de la gravedad del escándalo: ellos son los más grande en el Reino de los cielos, son portadores de un valor excepcional que nadie debe menospreciar y mucho menos atacar; son aquellos que deberíamos considerar como primeros, como lo más valioso, lo que deberíamos cuidar.
Y para enfatizar en la gravedad del escándalo, Jesús toma un tono muy duro en el discurso, y a través de hipérboles muestra la radicalidad con la que deben ser tratadas dichas acciones. Es obvio que no se debe tomar en sentido literal, ya que no se resuelve el problema solo cortando un miembro del cuerpo si no se va a la raíz del mal (Mc 7, 20-12).
La propuesta de Jesús interpela la vida, es una propuesta a la conversión. La conversión involucra a todo el hombre y no a una parte.
Y de nuevo el discurso da un giro, después de las palabras sobre el escándalo o el hacer tropezar a los pequeños, ahora toma un tono más doctrinal y Jesús nos propone la parábola de la oveja perdida. Esta sección se encuentra enmarcada por la palabra “pequeños” (v. 10y v. 14) que hace referencia a los niños de los que venimos hablando desde el principio. Jesús de nuevo sorprende a sus oyentes al decir que “sus ángeles ven continuamente el rostro de Dios”, ya que los judíos pensaban que los ángeles no veían el rostro de Dios. Conesto nos dice que tan importantes son los pequeños para Dios.
La parábola, que inicia con una pregunta retórica:“¿Qué les parece?”, es una manera de involucrarnos a todos. Es una clara invitación a la comunidad a prestar atención a quien se ha perdido o descarriado. Con esta parábola Jesús nos invita a que, como comunidad, no descuidemos a aquellos que están alejados, a los que por algún motivo son vulnerables, están en riesgo, han perdido la seguridad que ofrece el rebaño, la comunidad.
Con todas estas ideas que nos ofrece el texto, quisiera aterrizar brevemente los siguientes compromisos en relación con la prevención de abuso al menor:
-Proteger a los más pequeños no debe ser una acción de la Iglesia, mucho menos una reacción. Cuidar a los más pequeños debe ser una consecuencia del hecho de entender que “ellos”, -los menores, los pequeños, los indefensos-, ocupan un lugar prioritario y fundamental en la comunidad eclesial. Por lo tanto, toda acción de prevención y cuidado en esta línea no debe ser visto como algo especial, sino como algo propio y una obligación de todos los seguidores de Jesús.
-Además, toda acción de prevención debe partir de la valoración de los pequeños. En la medida que la Iglesia pone en el centro (en medio, como lo hizo Jesús), a los más pequeños, es más sencillo protegerlos y respetarlos. Esto evitaría toda acción“clericalista” y autoritaria.Esto implica estar dispuestos a vivir la autoridad de la manera que lo hizo Jesús.
-Como comunidad eclesial debemos “salir por la oveja”, debemos ir por aquellos que, por algún motivo, se han apartado del rebaño. Muchas veces por miedo, por agresiones, porque fueron maltratados, o simplemente, porque no fueron valorados. Una “Iglesia en salida”, como la pide hoy el Papa Francisco, debe estar dispuesta a pedir perdón a los que se alejaron porque los defraudamos o los afectamos, y buscarlos, cargarlos, curarlos y reintegrarlos al “rebaño”.
Lo cierto es que el compromiso es de todos. Vamos construyendo juntos el sueño de Dios:una Iglesia que pone al centro a los pequeños, que valora más lo sencillo, que vive en constante conversión buscando ser como niños.
Pbro. Manuel A. Hurtado
Puebla
Padre Yaco

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