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La prevención, una inversión: Daniel Portillo

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“Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso”

La prevención, una inversión.

Por Daniel Portillo Trevizo

La Parábola del Buen Samaritano, del Evangelio según san Lucas 10, 25-37

He querido colocaren el centro la figura evangélica del Buen Samaritano. Somos conscientes, lamentablemente, que por algunos senderos eclesiales y sociales nos hemos encontrado también con víctimas desahuciadas de protección, seguridad, confianza, amor y respeto. Nos resulta indignante mirar a niños y adolescentes maltratados por el abuso, golpeados por la impunidad, desnudados por el encubrimiento. Esta sencilla reflexión pretende cuestionar nuestra manera de actuar de frente al abuso. La parábola nos invita a meditar sobre algunas variables de la acción, desde los indiferentes a la protección e inútiles a la intervención, hasta aquellos capaces de mirar con ternura y actuar con verdad, aquellos para quienes la religión también implica una responsabilidad ética de prevención y de justicia.

Quienes formamos parte de la Iglesia, nos comportamos como los levitas cuando no somos sensibles o no queremos ver el dolor de las personas abusadas, cuando somos indiferentes y pasamos de largo ante las situaciones de impunidad. En cambio, somos comunidad de creyentes, cuando nuestra acción se traduce en protección y en cuidado, como la del samaritano. Somos samaritanos de la prevención cuando detectamos, cuidamos, sanamos y restauramos. El compromiso de los agentes de la prevención incluye la máxima del relato evangélico de hoy: “Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso”. La prevención es una inversión, para algunos la mejor que hemos hecho en nuestra vida. Prevenir implica invertir la vida, los años, las horas, los mejores momentos y los grandes recuerdos que se alojan en nuestra memoria, de aquello que pudimos hacer por las personas que necesitan nuestra ayuda.

Sin duda, sólo quien ha vivido la compasión del otro se vuelve bendición para los demás. Que cada acto preventivo se convierta en un acto de amor que implique la justicia, que no se corrompa por el delito, que no se alíe a la perversión. Sólo el amor, me hace ser responsable del otro. Porque amar significa cuidar y proteger, no ser indiferente. En un momento como éste siempre será oportuno recordar que la prevención es un compromiso de todos. Si trabajamos unidos, lograremos atender no solo los casos ocurridos en nuestros países, sino ayudaremos a superar la crisis que este desastre estructural ha dejado en la fe de los creyentes. Estamos seguros que con la comunidad de los fieles será posible dar considerables pasos para una renovación y conversión eclesial que sea a largo plazo.

Esta misión reclama la presencia de una Iglesia profética que exige, como señala el Papa Francisco a “no tener miedo de involucrarse y caminar impulsados por el Espíritu en la búsqueda de una Iglesia cada día más sinodal, profética y esperanzadora; menos abusiva porque sabe poner a Jesús en el centro, en el hambriento, en el preso, en el migrante y, por supuesto, en el abusado”.

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