Guadalupe Victoria #98, Tlalpan, Ciudad de México

¡Querido Hermano Francisco!

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Patricio Lynch

Honduras/Argentina

 

Gracias por la encíclica Fratelli Tutti, la recibimos con alegría y como un signo de los tiempos. Me animo a sugerir que mientras la escribías estabas gritando. ¡Sí! Un grito entrañable, de denuncia y de anuncio. Francisco, estás gritando, pero no es un grito impertinente, desmedido, impositivo ni amenazante. Es el grito del Evangelio de Jesús del cual Francisco de Asís había comprendido como un llamado a la fraternidad universal. Citando tus palabras Santo Padre: “Les propongo una forma de vida con sabor a Buena Noticia. Invito a un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio”.

Estoy convencido que tu voz resonará como un eco poderoso en las distintas latitudes de nuestra Casa Común y que la sinergia de nuestras voces se convertirá en un clamor mundial que subirá al cielo. Por supuesto, habrá resistencias, indiferencia, oídos sordos, o quienes quieran gritar más fuerte para callar tu voz.

Tu grito es la continuidad de una herencia compartida de aquellos que se posicionan a favor de los descartados de la historia.  Millones de hermanos y hermanas que ya no tienen voz, que han perdido hasta la fuerza para gritar. Pareciera que a muchos ya no les interesa escuchar o se encuentran ensordecidos por una cultura que anestesia las conciencias, autorreferencial e individualista.

Como paisano tuyo me animo a gritar con vos, pero no desde nuestro terruño del fin del mundo, sino desde la querida tierra de Honduras. Junto a mis hermanos hondureños te acercamos el grito con el espíritu Lenca, Misquito, Garifona y Tawahka, entre otros.

En estas tierras la opulencia está en manos de una minoría cada vez más pequeña y abruma la pobreza de las mayorías.  Déjame aterrizar tu encíclica a la realidad hondureña. La llamo el grito de las tres M. El grito de las Mujeres, el grito de los Migrantes y el grito de los menores de edad.

La mujer hondureña es la primera en sufrir las consecuencias de la pobreza estructural. Abuso, reducción al ámbito de lo doméstico, violaciones, roles estereotipados, menor acceso al trabajo, femicidios, y podría seguir. Desgarra ser testigo del machismo que atraviesa estas tierras como en gran parte de nuestra Latinoamérica. ¡Hay que levantar la voz y desterrar este rasgo cancerígeno tan presente!

La otra M es la crisis humanitaria de los migrantes. Son recurrentes las famosas caravanas de hondureños que junto a otros hermanos centro americanos salen de sus países en búsqueda de un futuro mejor.

Pero quiero detenerme particularmente en el último grito. Y quiero gritar bien fuerte. El grito de los menores de edad, el grito de los niños y niñas. Una inmensa mayoría atraviesan situaciones abusivas. Desde temprana edad solo conocen diversidad de violencias y maltrato. Sumado a esto la delincuencia organizada, el narcotráfico, las maras, el sicariato.

Francisco, nos invaden estadísticas y somos expertos en hacer diagnósticos, pero los fríos números no mueven las entrañas, necesitamos ponerle rostros a los fríos números, por eso quiero finalizar narrando esta pequeña historia que resumen las tres M. Un niño tirado al borde de la frontera con El Salvador, sin nombre, con peso de un bebé, con calcetines en las manos, ya que se estaba muriendo por desnutrición y se las mordía como instinto de supervivencia. De alrededor unos 6 a 7 años, pero con el peso de uno de 3 años.  Sin saber hablar fue encontrado por las Misioneras de la Caridad quienes lo llevaron al hospital y después a nosotros. Le pusimos por nombre Oscarito, en honor al santo salvadoreño, lo alimentamos, lo tratamos con amor y dignidad. Era conmovedor verlo sonreír. Pero el tremendo maltrato que recibió en su corta vida fue de tal magnitud que sólo sobrevivió 40 días con nosotros. Pero estoy seguro de que por primera vez experimento el verdadero amor y vivió sus últimos 40 días con dignidad y también murió con dignidad, no tirado como basura de descarte en una carretera internacional. Yo me pregunto… ¿Cómo puede pasar esto?

Nos invitaste a soñar Francisco. Amigos de Jesús es un sueño compartido, un santuario de sanación, transformación y esperanza. Te quiero aclarar algo: Se escuchan muchos gritos en el Hogar, pero ya no gritos de dolor sino de niños jugando, gritos de niños haciendo travesuras, en definitivo…  de niños que han vuelto a ser niños.

Seguí gritando Francisco!

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