Guadalupe Victoria #98, Tlalpan, Ciudad de México

Saber escuchar es el inicio de un proceso sanador: Cristian Manenti

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(Lc 24,13-35).

La Escucha

Es en el camino de Emaús con un sabor agrio, de miedo, decepción, enojo y por sobre todo angustia que aquel puñado de discípulos caminaba. Habían pasado pocos días de la crucifixión, las mujeres estaban desconcertadas porque el sepulcro estaba vacío. Todo parecía perecer. Sin embargo, el Señor se acerca y camina con ellos, no lo perciben pero él los escucha y los recibe en su dolor. Pone toda su atención y ternura amorosa. Relata el profundo misterio que lo llevó a ese momento, a ese camino. Ya era tarde y quiso pasar la noche con ellos y en un gesto solidario y fraterno, en aquella primera comunidad, vuelve a partir el pan y es allí que entonces lo reconocieron.

Un gesto que en más de una oportunidad Jesús demuestra es el de su escucha, aquella que recibe y dignifica. En este doble movimiento una vez más nos enseña, una pedagogía teológica que habla de lo sencillo pero poderoso del “Estar con otros”. La experiencia de atención de víctimas de abuso en todo sentido necesita sin duda acompañar ese camino donde todo parece “perecer”, es decir morir. Asumir que el día termina y cae la noche es la historia del dolor profundo, del miedo. Por ello en un gesto humilde y de acompañamiento respetuoso nos invita a imitarlo en su misericordia. La escucha es un acto pasivo, de sincronicidad con el relato, de simetría con el otro/a donde amorosamente recibimos para que en el lento discurrir de las palabras tomen una nueva dimensión, más actual y relevante que posiciona a la persona de víctima a sobreviviente, porque la herida no se borra, pero sí puede asumirse dignamente. Es así que con profunda humildad los que acompañamos intentamos facilitar el encuentro con el Resucitado en una comunidad sinodal amplia y de AMOR.

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