Guadalupe Victoria #98, Tlalpan, Ciudad de México

Sin justicia y sin verdad no hay caridad: Héctor Flores

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En este mes que en México están en la reflexión de la Biblia me uno a esta iniciativa compartiendo una breve reflexión a partir del salmo 88.

A la luz del Nuevo Testamento llama la atención el extraordinario paralelo entre los anuncios de este salmo y lo que se realizó en la vida de Jesús «Mesías-Rey despreciado, escarnecido». Cuantas veces no te has sentido así: ¿despreciado, rechazado o silenciado? A veces por las mismas estructuras eclesiales.

Pero Dios no es indiferente ante lo que sucede, por eso inspira a muchos para queden un paso adelante y se comprometan con la prevención de los abusos. Porque Dios nunca abandona a sus hijos, es fiel a su promesa y no nos quita su favor, su protección paternal.

Hoy como en aquel tiempo, se vive la «fe» de la misma manera. El Reino de Dios es semejante a un «campo de trigo lleno de mala hierba», en que están íntimamente mezclados «gérmenes de vida y simientes de muerte». El enemigo, aparentemente, triunfa por doquier. Pobre Rey, nuestro Dios; parece impotente, no se defiende, se deja crucificar.

Aparentes situaciones de fracaso, pero convertidas en llamado a la esperanza. Las pruebas personales o colectivas, pueden cambiar nuestros sentimientos de fe y esperanza en rebeldía contra Dios. Pero también pueden convertirse en un trampolín hacia una mayor esperanza, purificada, probada, robustecida por el triunfo sobre la dificultad.

Hoy día en la Iglesia aun quedan estructuras que no protegen a los indefensos. Por eso frente a la complicidad y silencio de muchos surgen entes de protección que se juegan todo en la defensa de los más pequeños e indefensos. Pero todos como miembros de la Iglesia estamos llamados a ser agentes de protección. Leemos en el versículo 15 del salmo que “justicia y derecho son las bases de su trono”. Es de justicia velar por el bienestar de todos los miembros de la Iglesia; en caso de no hacer nada nos hacemos cómplices frente a las injusticias y los abusos. Antes de predicar o hablar de la caridad cristiana tenemos que recordar que sin justicia y verdad no hay caridad.

Frente a situaciones convulsas en la Iglesia y la sociedad, y cuando todo se ve más gris, Dios se sirve de ello para que resurja la luz de la esperanza y la fe,y podamos forjar un mejor ambiente eclesial, un ambiente que sea sano para todos.

Nosotros que creemos en la justicia y la verdad como pilares de la Iglesia hemos de darnos a la tarea de ser agentes de prevención, apóstoles de la prevención; esto como parte de nuestro llamado de servir a la Iglesia y como misión de apostolado. Se trata de hacer resplandecer la verdad de la Iglesia y hacer valer la dimensión de justicia en especial para aquellos que han sufrido algún tipo de abuso en la Iglesia. Es obligación de todos salir en defensa de los más vulnerables creando ambientes eclesiales seguros centrados en la prevención, y solo así es como concretamos el nuevo mandamiento del amor. Seamos apóstoles de la prevención.

P. Héctor Iván Flores González (Diócesis de Arecibo-Puerto Rico)

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