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La Iglesia quiere escuchar mejor y sanar la herida de los abusos

San José, Costa Rica – 4 de marzo de 2026. El V Congreso Latinoamericano del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), dejó un mensaje central en su primer día: la Iglesia quiere escuchar mejor y sanar las heridas de los abusos.

Para la apertura del Congreso, Monseñor Javier Román Arias, Obispo de Limón y presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, enfatizó que este “no es un evento académico más, es el clamor de una Iglesia que reconoce su dolor por los pecados cometidos y decide mirarlos de frente”. Señaló que “la plaga del abuso es una traición al evangelio una herida al cuerpo de Cristo”.

Por este motivo, fue claro sobre la actuación que debe tener la Iglesia ante los abusos: “debemos actuar sin miedo. Debemos colaborar con las autoridades civiles y asumir las responsabilidades. No hacerlo sería traicionar nuestra misión. Actuar con firmeza no destruye a la Iglesia; la purifica”.

Asimismo, Mons. Mark Gerard Miles, Nuncio Apostólico en Costa Rica, dio lectura al mensaje del Papa León XIV, quien hizo un llamado “a una verdadera conversión en la justicia: personal, pastoral e institucional” y pidió asumir en primera persona una cultura del cuidado capaz de prevenir el abuso, escuchar a las víctimas y dar testimonio de la ternura de Cristo, “transformando las heridas en rendijas de esperanza”.

Enfatizó que el proceso de reparación, tema central del Congreso, “no puede reducirse a cumplimientos formales” y que asumir este compromiso vuelve a la Iglesia “más creíble, más humana y evangélica”.

Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada y presidente de la Comisión Nacional de Protección de Menores de Costa Rica, también hizo un llamado a no ser indiferentes ante los abusos, y que es deber de todos en la Iglesia “acompañar, proteger y trabajar con perseverancia para que la Iglesia sea siempre un espacio seguro, donde la justicia y la misericordia caminen unidas, y donde la dignidad de cada persona sea respetada y custodiada”.

El Pbro. Dr. Daniel Portillo Tevizo, director de CEPROME, se dirigió a los “apóstoles de la prevención” que asisten a este encuentro en Costa Rica, el cual “es un signo de los tiempos y una respuesta responsable ante la herida que no podemos ignorar”. Hizo referencia a la escena bíblica de Jesús ante la tumba de Lázaro, cuando muestra que no evade el dolor y a pesar de que la muerte ha hecho su trabajo, surge la esperanza, el milagro de la vida, la reparación ante quien sufre.

Por su parte, Mons. Roberto Álvarez de Argentina, impartió a la luz de la Palabra de Dios, la reflexión “Reparación: cuando la sanación se siente”. Invitó a profundizar en una verdad esencial: la reparación no puede limitarse a lo canónicamente establecido ni a procedimientos formales que, aunque necesarios, pueden volverse fríos si no están atravesados por la empatía. La verdadera reparación ocurre cuando la víctima la siente, cuando se le avisa, se le escucha y se le reconoce en su dolor. Al escudriñar el Evangelio de la hija de Jairo, hizo mención a que la misión es acercarse con la ternura de Cristo, que no actúa desde la distancia normativa, sino desde la compasión que toca, levanta y devuelve dignidad.

Posteriormente, la ponencia del Dr. Carlos Álvarez SJ, “Dios presente: Teología de la reparación en un tiempo de heridas”, trató del contexto marcado por el dolor y la desconfianza, y subrayó que Dios no permanece distante ante las heridas, sino que se hace presente en ellas. La reparación auténtica, desde esta perspectiva, es signo de un Dios que acompaña, sostiene y restaura; un Dios que no niega el sufrimiento, sino que lo asume para transformarlo en camino de sanación y esperanza.

Habló del clericalismo que se posa desde la jerarquía como causa que también provoca daño en la institución eclesial. Llamó a erradicar estas actitudes como forma de construir una cultura verdaderamente evangélica, donde la autoridad se ejerza como servicio, la corresponsabilidad sea real y la escucha a las víctimas ocupe un lugar central. Solo así —subrayó— será posible avanzar hacia una Iglesia más transparente, humilde y comprometida con procesos auténticos de reparación y reconciliación.

Por la tarde de este primer día se realizaron tres simposios, en el cual los participantes se dividieron en distintos salones para tratar diferentes y enriquecedoras temáticas: Enfoque integral en la atención y reparación a las víctimas; Aspectos legales civiles y canónicos y derechos de las víctimas; y, El papel de las comunidades y redes de apoyo.

Es importante resaltar que, durante este primer día de Congreso Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, también dirigió su mensaje, no sin antes pedir un reconocimiento y agradecimiento para el trabajo que realiza CEPROME.

“La Iglesia en América Latina decidió dar un paso más hacia una cultura donde la dignidad humana sea defendida sin ambigüedades. A quienes han sufrido, la Iglesia quiere escuchar mejor, caminar con ustedes, quiere que su dolor no sea ignorado jamás”, recalcó.

La jornada finalizó con la Eucaristía, la cual fue presidida por Mons. Javier Román, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, y quien en su homilía recalcó: “No hay sanación donde se minimiza la herida. Actuar con verdad no traiciona a la Iglesia, la purifica. Porque la Iglesia no se sostiene sobre silencios, sino sobre el Evangelio. Y el Evangelio no teme la luz. La justicia es necesaria; la misericordia también. A la víctima se le debe reparación y acompañamiento firme”.

SOBREVIVIENTE DE ABUSOS PIDE A LAICOS Y SACERDOTES ACOGER A VÍCTIMAS COMO CRISTO LO HARÍA

Una joven sobreviviente de abusos sexuales a manos de un sacerdote mexicano alienta a laicos y sacerdotes a acoger con misericordia, escucha y apertura a las víctimas que denuncian casos, tal como lo haría Jesucristo.

Érika Zúñiga tiene hoy 29 años y sufrió los abusos de un sacerdote aproximadamente desde los 7 a los 14 años. Hoy se considera ya no una víctima sino una sobreviviente y, mediante su testimonio, se empeña en ayudar a otras personas que han pasado por una situación similar tras haberse capacitado en el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la protección del menor (CEPROME), de la Universidad Pontificia de México.

En diálogo con ACI Prensa, Érika recuerda que no fue hasta sus 17 años, en 2009, que tomó conciencia de lo que había sufrido.

La primera persona a quien decidió contarle lo que había sucedido fue su madre. “Algo que  me ayudó mucho es que mi mamá jamás dudó de mí. En cuanto yo le dije lo que pasó, ella se rompió en llanto y me dijo que todo iba a estar bien. Nunca me cuestionó ‘¿estás segura? o, ¿no te estás confundiendo?’”.

“En cuanto yo le dije, ella lo creyó. Eso fue algo que a mí me ayudó bastante. Sin embargo, no fue la misma respuesta la que obtuve de parte del obispo de mi diócesis quien fue la persona a la que recurrí para pedir ayuda”, recuerda.

La revictimización a manos de un obispo

Cuando junto a su madre lleva el caso ante el obispo de su diócesis, Érika señala: “En ningún momento vi interés hacia mi persona. Dijo que supuestamente se tenían que recibir tres casos de abusos cometidos por el mismo sacerdote para poder actuar. Cosa que no era real, no existía esto en ningún código de derecho canónico”.

Pero otra frase tendría un impacto aún más doloroso para Érika. “Él citó una parte del Evangelio en donde dice que debía ser astuta como las serpientes, pero suave como las palomas. La verdad, no entendía a qué se refería. Y cuando pregunté, me dijo que porque yo era muy bella y tenía que tener cuidado”, recuerda.

“Cuando me dice eso yo lo que siento es vergüenza, porque pienso ‘entonces yo tengo la culpa’. Y fue el inicio de un proceso de revictimización bastante duro”, añade.

Ese decepcionante encuentro con su obispo la llevó a prometerse que jamás volvería a buscar apoyo de parte de la Iglesia. “Prometí buscar por mí misma estar bien, buscar terapia psicológica, buscar la forma de salir adelante”.

No sería hasta que viajó en 2014 a Roma, con ocasión de la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, que se le presentaría la oportunidad de encontrar justicia en el seno de la Iglesia.

En ese viaje, sin esperarlo ni buscarlo, conoció a un sacerdote que trabajaba en la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede. “Él me abrió las puertas para que yo pudiera exponer mi caso”, señala.

Tras esa acogida, asegura, “sentí bastante esperanza, pensé que cuando se cerraba una puerta se abrían otras”.

“Y creo que este es un mensaje importante que quiero transmitir a otras posibles sobrevivientes que han pasado por lo mismo: siempre hay otras puertas que se abren y que Dios, en su generosidad y en su misericordia, va buscando la manera de acompañarte”, expresa.

El proceso impulsado desde el Vaticano culminó con la dimisión del estado clerical del sacerdote acusado de abuso, pero la revictimización no acabaría. “A raíz de la dimisión, el obispo empieza a decir a los sacerdotes que él (el sacerdote abusador) se retiraba porque estaba enfermo, incluso me tocó asistir a distintas Misas en dónde pedían por su salud física”, indica.

Érika recuerda que “escuchar esto me hacía sentir otro golpe, porque yo sabía que era importante que se supiera la verdad, ya que, aunque él ya no es sacerdote, sigue como civil y uno de mis propósitos de continuar con este proceso era evitar que existieran futuras víctimas, ya no más”.

“Sacerdotes y religiosas que fueron el otro lado de la moneda”

A pesar de lo que ha sufrido, Érika no se ha alejado de la Iglesia Católica ni considera que todos los sacerdotes sean abusadores.

“Estoy en contacto con sacerdotes y religiosas que han sido el otro lado de la moneda, que son para mí siempre un apoyo, una guía. Son para mí personas que están ahí, que me demuestran su cariño genuino”, asegura.

Para ella resulta importante “ver que dentro de la Iglesia no hay solamente sacerdotes que se equivocan y dañan, sino que también hay sacerdotes que han sabido acompañarme”.

Un mensaje a los sacerdotes

Érika expresa que le gustaría invitar a los sacerdotes a que tengan “primero que nada una actitud de empatía, de escucha y misericordia ante la persona que ha sufrido abuso, tratar sobre todo de no juzgar a la persona que está al frente y tratar los casos de manera particular”, alienta.

“Piensen siempre cómo sería Cristo si llega una persona sufriente y doliente. Cómo respondería Él, qué haría, cómo los acogería, en qué se interesaría”, continúa.

A los laicos: No endiosar a los sacerdotes

Al reflexionar sobre el papel que deben tener los laicos frente a las víctimas de abusos a manos de sacerdotes, Érika lamenta que “hay muchas personas que no quieren escuchar, que no quieren darse cuenta que esto es una realidad. Nosotros, como laicos, como Iglesia, hemos cometido el error de endiosar a los sacerdotes, no verlos como humanos y  ponerlos por encima de nosotros mismos”.

“Creo que debe de haber una formación progresiva, que ayude a los laicos a ir aceptando estos temas. Veo que hay una resistencia bastante dura, bastante fuerte y muy notoria tanto en clérigos, como en laicos, hacia el tema”, señala.

“El punto clave por lo pronto es iniciar por tener apertura en el tema. Afortunadamente se ha avanzado y ya hay documentos, literatura, instituciones, centros de formación y comisiones para la protección del menor, que nos ayudan a entender un poco más sobre el tema. Sabemos que muchas familias están sufriendo y nosotros como familia Cristiana debemos acoger, tener apertura y sensibilidad hacia el sufrimiento de otros, interesarnos y no verlo como algo ajeno, se puede hacer mucho, empezando por la oración”, indica.

A los sobrevivientes de abusos: “Hay esperanza”

La joven sobreviviente de abuso sexual manifestó también un mensaje para las víctimas que sufren como ella: “hay esperanza”.

“Pienso que nunca va a ser suficiente para tener un proceso finalizado. Yo sigo en la lucha, es un día a día, pero Cristo ha sufrido conmigo, ha sentido y vivido mi dolor desde su propia flagelación, y también goza a cada paso que doy en mi camino de restauración. Dios es amor y misericordia, y tengo la certeza absoluta de que él, en ningún momento  ha querido este sufrimiento para mí”, asegura.

Érika también subraya que el haber sufrido un abuso sexual “es algo con lo que luchas diario pero no es algo que te define. No somos producto de un abuso, somos personas que estamos sufriendo nuestra historia y que estamos tratando de darle sentido a nuestra vida, aceptando esa historia”.

“Lo que les quisiera decir es que busquen siempre la justicia, que busquen siempre puertas abiertas. Porque siempre que se cierra alguna hay otras que se abren. Que traten siempre de tener su mirada puesta en su bienestar y en el de las otras posibles víctimas que pueden estar alrededor del agresor. No están solos, aunque aún hay mucho que purificar, hay una Iglesia reformándose para atender a su dolor, yo misma lo he experimentado”.

COMMUNICATION WITH VICTIMS: DR. DANIEL PORTILLO

Communication with victims

An ecclesiological reflection on communication

Daniel Portillo Trevizo

México

I have been invited to share something that I have been asking myself in recent days: How to communicate with victims? And I have also questioned whether our ecclesial communication towards them is the most appropriate.

Sexual abuse of minors committed within the Church is a betrayal to proper communication. We did not know how to look at the risk, nor listen to the clamor of the victims. It is up to the Church to acknowledge with regret her negligence, to examine her closeness in the most tragic human situations, to assess whether her current mission in the world is to protect her faithful or, on the contrary, it shows a passive church in facing the acts of injustice on human dignity.

When The church is deaf to listen to the cry of the oppressed by suffering and pain, it becomes, as Pope Francis pointed out, “A Church always on the defensive, which loses her humility and stops listening to others, which leaves no room for questions, loses her youth and turns into a museum. How, then, will she be able to respond to the dreams of young people? Even if she possesses the truth of the Gospel, this does not mean that she has completely understood it; rather, she is called to keep growing in her grasp of that inexhaustible treasure” (CV 41). So far, the Pope’s words. A defensive Church undoubtedly leads to the disillusionment that kills the joy of the faithful and distances them from their Catholic faith.

Unquestionably, when the Church corrupts in how it should communicate to the victims, it runs the risk of closing in on itself and becoming self-referential. The structural corruption of the Church will always be a pathological “centralism” that will undoubtedly provoke a deafening and self-referential ideological discourse, an ecclesial monologue, a permanent and castrating silence. An ecclesiological discourse of this tendency is incapable of witnessing the protection of minors and vulnerable people, in a world increasingly in need of true globalization of prevention and healthy communication. The Church will not be exaggeratedly aware of itself, the more it remembers it mission in the world: to be an authentic path of communication.

Particularly, the crisis of clerical sex scandals involving minors has immersed the Church in serious institutional reflection; the scandals have ceased to be considered only a personal responsibility of the perpetrador and, therefore, have demanded a systemic view that expands the space of responsibility more honestly. Any fault committed by some member of an institution, such as the Church, is uncomfortable, also for the system, therefore, it can also be a sign of the underlying theological problem at the ecclesial level.

It is not only devastating to find ecclesial contexts commanded by negligence and lack of transparency, but it is also discouraging to coincide with those who are disorganized, unstructured, and, consequently, with a lack of communication. It is not strange that these ecclesial environments, far from any way of communication and not open to dialogue, ending up in more dangerous environments of cover-up, negligence, and the performance of sexual acts by their members.

Communication is the key, is the letter of presentation of care and ecclesial protection. Prevention is the most formidable, universal, and mysterious force, inscribed in the heart of manhood, capable of transforming the world. Prevention is the gospel of tenderness. Tenderness, represents a fundamental way of communication to get out of this impasse and regain the most vivid sense of evangelical charity as loving affection. Therefore, communication with victims is the strength, the sign of maturity, and the inner vigor that springs only from a free heart, capable of offering the best that each human being has: his or her time.

Communication with victims supposes, in fact, the praxis of the Gospel of tenderness; It puts into crisis the way of being Christians, which is content only with a vague and superficial communication, a mediocre communication, without impulse nor enthusiasm and often without compassionate love. To communicate with the victims is to open a page of the Gospel, the Good News, a way in which God continually reveals Himself to us. Without the Gospel and Safeguarding Culture, our religious practice is hypocritical and cosmetic. Furthermore, outside the Gospel of tenderness, there is a permanent temptation to be or to return to being a Church of dominance, power, abuse of conscience, and elite, a Church incapable of communicating herself.

The Church that through its faithful communicates with the Gospel of tenderness, is a Church with the Word of God, that protects, that insists, on witnessing the love of God, with caresses that does not violate, with gestures that do not transgress, with details that are not ambiguous; a Church that puts the pedagogy of respect first, refusing all forms of domination or abuse. The Church of Tenderness is the Church of the preferential option for children and adolescents, for vulnerable adults, for victims of sexual abuse and the secondary victims. A Church, therefore, that listens, that communicates, that welcomes, can become a safe space where everyone can feel at home and experience that they are in a safe protective environment.

The communication of tenderness is an invitation to the Church to “exit” her intra-ecclesial comforts and to dare to reach all the ecclesial peripheries, where there are those victims and survivors who have suffered sexual abuse. Care and protection should be for any Christian a commandment of conduct that allows, on the one hand, to be close to others and, on the other hand, that teaches to respect the limits of their privacy. A Church that engages in dialogue with victims and survivors will announce the Good News with the seal of God’s protection and tenderness, building safe environments for those who comprise it.

The apostolate of prevention implies the ability to dialogue with pain, within each of these spaces or moments of helping. It is time to abandon our cosmetic actions where we only settle for showing society that we are doing something, without the slightest involvement. We say that prevention is a priority, however, in some ecclesial environments, we do not have the slightest interest in communicating with victims. The Church cannot expect significant changes if we continue with our same procedures. There are concrete actions that at this time cannot wait any longer, the integrity and dignity of minors cannot continue to be a second-rank priority.

The main charism of the Apostolate of Prevention is communication. It enables the rebuilding of the fabric of trust. Precisely, the scandal of sexual abuse has undoubtedly hurt and broken this value, especially in some of the realities where the victims suffered helplessness, persecution, lack of listening, and misunderstanding. If the Church does not strive to rebuild the fabric of trust, we could ask ourselves what the meaning of her presence in the future is.

Finally, as utopian as it may seem, what is needed is prevention, understood as the work of “conversion”; from this perspective, prevention is not limited to a timely intervention, but holistically encompasses the totality of what the Church does and teaches in coherence with what she believes, prays, celebrates and communicates. The issue of abuse leads us to think about our Safeguarding Culture. If we go back to the Gospel, the founding origin of our faith, we would understand that this ecclesial crisis has caused us a necessary “conversion of the way we treat each other” a “metanoia of communication”.

Safeguarding Culture dignifies, strengthens, consolidates, rebuilds, and unifies the person, makes him or her able to look at themselves again, discover themselves as valuable, and be able to communicate. In short, without the conversion of genuine Safeguarding Culture, prevention in the Church becomes concealment, a fallacy of protocol that translates into false actions and an inability to communicate.

Episcopado de EU no maquilla ni elude: “Han aumentado denuncias de abuso”

Washington DC, EU.- El secretariado para la Protección de Niños y Jóvenes de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) publicó su informe anual  2018-2019 sobre los “Descubrimientos y recomendaciones durante la implementación de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes”, el cual no elude ni maquilla ninguna cifra: se reportaron 4 mil 434 nuevas denuncias presentadas por 4 mil 220 personas adultas; 37 denuncias con casos de menores y se ofreció asistencia a mil 851 víctimas y familiares que denunciaron abuso sexual por parte de clérigos norteamericanos.

Francesco Cesáreo, director del secretariado, explica en su reporte: “Este informe anual revela las preocupaciones que fueron evidenciadas en años anteriores: la cuestión del cumplimiento. Continuamos viendo la falta de publicación de los informes y procedimientos en los distintos idiomas en que se celebra la liturgia, mal administración de los registros y verificación de los antecedentes, falta de Juntas de Revisión Diocesanas; no actualizar las políticas y procedimientos”.

“Estas preocupaciones requieren atención; pues aunque no es generalizado, el hecho de que entre el 25 y 30% de las diócesis presentan estas fallas recurrentes evidencian la falta de diligencia que pone en riesgo la seguridad de los niños… y si una diócesis está en riesgo toda la Iglesia lo está”.

El reporte está sustentado en el trabajo de StoneBridge Business Partners, una consultoría especializada de Nueva York que provee un amplio servicio de auditoría en todas las diócesis y eparquías católicas de Estados Unidos; el reporte también incluye una encuesta conducida por el Centro de Investigación Aplicada para el Apostolado (CARA).

“Quiero expresar la profunda pena de los obipos por nuestras fallas pasadas y por el daño que fue provocado a las víctimas y a sus familias. Rezo para que juntos, a través de esfuerzos permanentes, podamos continuar trabajando hacia el fin del azote del abuso sexual contra menores, no solo en la Iglesia católica sino en toda nuestra sociedad”, escribe el arzobispo de Los Ángeles y presidente de la USCCB, José Gómez.

Desde 2002, la Iglesia norteamericana ha publicado estos reportes (esta es su decimoséptima edición) y busca comprender y atender las denuncias de abuso sexual contra clérigos y miembros laicos en la Iglesia católica.

“A partir de todos los errores de nuestro pasado, las diócesis católicas del país hemos trabajado para establecer políticas y programas orientados a la protección de los jóvenes y para crear ambientes seguros en nuestras parroquias, escuelas y otros ministerios -continúa Gómez- y, como resultado de estos esfuerzos, los cuales no pueden ser posibles sin el apoyo de valientes sobrevivientes de abusos y el compromiso de decenas de miles de laicos profesionales y voluntarios, ahora son inusuales los nuevos casos de malcomportamiento de sacerdotes con menores implicados en la Iglesia católica de los Estados Unidos”.

En el reporte que abarca de julio del 20018 a junio del 2019, se confirma que 4 mil 220 adultos realizaron 4 mil 434 denuncias contra sacerdotes; comparadas con las del año prescendente “el número de denuncias se incrementó significativamente -reconoce la propia USCCB- debido en parte a nuevas denuncias que se añadieron durante los juicios, programas de indemnización y procedimientos de quiebra en curso”.

El informe también revela que se interpusieron 37 denuncias de abusos cometidos contra menores de edad: “de las cuales 8 denuncias han sido comprobadas, 7 se declararon infundadas, 6 no cuentan con pruebas suficientes y 12 aún se encuentran en investigación”. De estas denuncias tamibén se aclara que tres son relativas a órdenes religiosas y una más tuvo que ser referida a otra diócesis.

Durante el mismo período, las diócesis y eparquías norteamericanas ayudaron y dieron apoyo psicológico a mil 138 nuevas víctimas y a sus familias. Junto con ellas, se siguió prestando asistencia a mil 851 víctimas y familiares que habían denunciado abusos en auditorías anteriores.

En 2019, se realizaron más de 2.6 millones de verificaciones de antecedentes del clero, el personal y los voluntarios que trabajan para la Iglesia. Además, 2.6 millones de adultos y 3.6 millones de niños y jóvenes participaron en programas de información y sensibilización para ayudar a reconocer y denunciar casos de abusos.

El informe aclara que StoneBridge Business Partners, visitó y auditó 64 diócesis y compiló información de 130 oficinas diocesanas, además apunta que la diócesis de Oakland, la archieparquía ucraniana de Filadelfia y la diócesis sirio-malabar de Santo Tomás no cumplieron con los requisitos de la auditoría. Finalmente, las eparquías de Santa María de la Paz, San Pedro Apóostol y San Nicolás de Chicago no participaron en la revisión.

INFORME 2019: Reporte anual de la implementación de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes

CONCIENCIA DE AFECTACIÓN: JUAN ERNESTO SUÁREZ

CONCIENCIA DE AFECTACIÓN

En medio de la psicosis que se presenta en nuestro universo, se sigue planteando la lucha por la supervivencia del hombre, sobre los insumos que debe tener para evitar el mayor contagio entre la sociedad; las noticias se han volcado sobre una problemática especifica donde pareciera que los demás temas se han dejado en el olvido, marchas feministas, lucha en favor del aborto, ideologías de género, etc. Sin embargo, hay un tema que no podemos dejar a un lado y es la problemática que sigue enfrentando nuestra Iglesia dolorosamente que es el abuso sexual a los menores y adultos vulnerables.

Se que es un tema muy tocado, muy estudiado, y que pareciera chocante para muchos de nuestro grupo, sin embargo, es una realidad que no podemos dejar solo en estudio, estadísticas, sino que debemos tomar con seriedad cartas en el asunto. Por esa razón trato algunos puntos que ayuden de reflexión a todos como Iglesia, Clero, Vida consagrada y laicos tanto comprometidos como aquellos que no se acercan mucho a la Iglesia.

Conciencia de afectación.

¿Por qué hablo de conciencia de afectación? En primer lugar, considerando que se entiende por conciencia el acto psíquico mediante el cual una persona se percibe a sí misma en el mundo. Por otro lado, la conciencia es una propiedad del espíritu humano que permite reconocerse en sus atributos esenciales. Si a esto le agregamos el término de afectación, lo que afecta, daña, rompe la estructura, pero también hiere lo más sagrado que es la vida del que ha tocado o perturbado la mente del menor en su etapa temprana de su desarrollo. Me viene a la mente la cita bíblica de Mt 17, 1-6 que hace referencia sobre quien escandalice a uno de los pequeños… una cita muy fuerte y confrontativa. Por eso, si tomamos estos tres factores: a) el conocimiento de la bíblia, b) el conocimiento de daño emocional, y c) el conocimiento que existe al respecto sobre los que comenten alguna falta marcada en la norma de la iglesia (CIC); estos factores son lo que debe aterrizar la persona que delinque para que con madurez sea consciente de lo que a ha provocado.

El clérigo que ha cometido un delito contra el sexto mandamiento contra un menor, debería llevarlo a la conciencia del error tan grave que ha cometido al punto de hacerlo reflexionar sobre el daño a su víctima y el daño a su Iglesia; a la victima porque le ha roto la inocencia y la belleza de una iglesia que vela o custodia por la dignidad de la persona , la victima acólito, la víctima en el catecismo, la victima  que con toda inocencia y amor llegaba al encuentro para descubrir a Dios, pero lo que encuentra es violencia, confusión emocional que le va a desviar su sano desarrollo integral, cuerpo, alma y mente.  A partir de ese primer contacto de abuso con o sin tocamiento va a cambiar por completo el esquema de desarrollo integral en la víctima. Teniendo como consecuencia algunos elementos en su crecimiento comprendiendo que nada volverá a ser igual, para él o ella.

Aquí algunos ejemplos de las consecuencias vividas:

Sexualización temprana en el abuso: conductas precoces o conocimientos inadecuados sexuales para su edad, interés exagerado sobre las conductas sexuales de los adultos, agresión sexual del menor hacia otro menor, confusión en su orientación sexual. Desvalorización de la verdad: a partir de la confesión del abuso pareciera que la única verdad es la acción cometida con el agresor, es decir, no que se le crea a la víctima sino más, solo el agresor tiene su verdad y no la credibilidad del acto frente a otros adultos para poder hablarlo o compartir la acción, el agresor, va a trabajar para que la victima logre codificar la idea de hablar con la verdad, porque si lo hace será agredido o será desvalorado ante los demás (ambiente familiar, escolar o social y eclesial).

Toma de conciencia y decisión: el derecho canónico y los documentos emanados sobre los delitos contra la moral, hace hincapié a la manera de proceder ante un delito al respecto; si se toma de base que son materias que se ven en la formación teológica o se debería ver, por ende se tiene conocimiento de dichas acciones y su manera de proceder.

Cito algunas referencias que son materia en clase.

Al hablar de la pérdida del oficio c. 192 o tomándose en cuenta lo que se habla en la remoción del párroco. 1741 en sus numerales 2 y 3[1]. Son elementos base para tomar conciencia de la gravedad de la acción delictuosa cometida.

Es sabido que la autoridad competente para la remoción es al mismo tiempo la competente para conferir el oficio[2]. Tres son las causas de remoción a iure: la perdida del estado clerical, la perdida de la fe o la comunión con la iglesia, cuando se incurre en el delito de herejía, apostasía o cisma, y el atentado de matrimonio canónico o la celebración de matrimonio civil, por un clérigo. Sin embargo, tomando como referencia los numerales 2 y 3 del c. 1741, refieren a una enfermedad mental o a la buena fama del clérigo. …..

El c. 1395 § 2. Va más allá de la remoción del oficio eclesiástico al momento de cometer un delito contra el sexto mandamiento del decálogo. Refiere a la misma dimisión del estado clerical. Aunado a este canon el Motu proprio Graviora delicta al hablar del delito contra un menor, no solo hablamos de abuso con contacto físico, refiere también al abuso sin contacto o indirecto[3].

Si bien el interés de este tema no es hablar de las normas del derecho canónico, o de alguna otra emanada por la Iglesia para al respecto del tema, si las tomo como fuente y referencia para enfatizar que la persona al momento de incurrir en una falta hay conocimiento previo de lo que puede pasar al cometer un delito contra la moral.

Aterrizando la reflexión, si hablamos que el tomar conciencia de los actos de manera plena y con humildad, nos llevara a la reflexión de los actos cometidos. Cuando se habla de la pérdida de la buena fama, en una comunidad parroquial o dentro de un grupo de personas dígase clerical o laical, y teniéndose un oficio a desempeñar, lo mas laudable es que el mismo que goza de ese oficio pida su remoción para el bien de la misma Iglesia.

Los elementos del acompañamiento terapéutico y espiritual son elementales para ayudar a tomar conciencia de sus acciones que han afectado al otro, conciencia tanto en el plano emocional o psicológico, por eso se insiste en el cuidado de las personas que no basta con enviarles cualquier lugar como castigo o meditación (casa de religiosas, parroquia lejana, a su domicilio particular, o bien centro de ayuda para dichos casos) se debe prever con personal especializado para el acompañamiento del clérigo.

El acompañamiento terapéutico en las personas que han cometido un abuso, deberían llevarlo especialistas en el área, al mismo tiempo tener como finalidad no solo reincorporarlo a sus labores eclesiásticas, sino a tomar conciencia de afectación, es decir, ser capaz de reconocer que su actuar tiene efectos muy graves en las personas con las que tuvo injerencia o participación de dichos actos. Es importante señalar que en su mayoría cuando se les encara con la realidad la niegan. Y un punto importante dentro del proceso de sanar es la aceptación, sin ella no se empezará a desarrollar la toma de conciencia de afectación y por ende la sanación integral del individuo. Esa toma de conciencia de afectación comprende desde la toma de conciencia que ha dañado la historia de vida de un pequeño o adolescente, de una persona que va a vivir con heridas afectiva por toda su vida, que ha dañado la vida espiritual de las victimas secundarias, y al mismo tiempo la vida de la iglesia universal, pero de la comunidad parroquial.

La terapia para llegar a la conciencia de afectación por lo tanto, no va en torno a hacer sentir culpable al acompañado, sino analizar su historia donde se dio una incisión en su vida y que acontecimientos marcaron su historia que posteriormente se manifiestan en acciones negativas afectando ahora la vida del otro, de esta manera es de manera serena y humilde acetar lo que se ha cometido y caer en la cuenta de que por el momento no se puede ejercer un oficio dentro del ámbito eclesiástico, que es tiempo para encontrarse consigo mismo y con Dios.

Al lograr una conciencia de afectación, la persona será capaz de ser sincero consigo mismo y responsable se sus propios actos, no se condena la acción, pero si se ayuda a madurar y a sanar su propia historia que lo llevo a delinquir. Abordando y enfrentando lo que corresponde a su acción y así iniciar el camino de la sanación integral.

[1] C. 1741. Las causas por las que un párroco puede ser legítimamente removido de su parroquia son:

  1. La impericia o una enfermedad permanente mental o corporal, que hagan al párroco incapaz de desempeñar últimamente sus funciones.
  2. la perdida de la buena fama a los ojos de los feligreses honrados y prudentes o a la aversión contra el párroco, si se prevé que no cesaran en breve.

[2] C. 192 y 193.

[3] Mostrar pornografía, a menores o exhibirse desnudo frente a ellos.

(7) CONVERSIÓN Y PREVENCIÓN: CRISTOPHER CORTÉS

CONVERSIÓN Y PREVENCIÓN

Una mirada desde la Teología Bíblica

La Cuaresma que estamos a punto de concluir conlleva en su centro una llamada al encuentro con Cristo, ante el cual no caben las máscaras o los escondites, sino la realidad de nuestras vidas necesitadas de su salvación, de su gracia y de su misericordia.

Hace ya más de un año que como Iglesia hemos participado en la realización del encuentro de la – así llamada por la Prensa – “Cumbre antiabusos en el Vaticano”, cuyo nombre propio fue “La Protección de los Menores en la Iglesia, al que fueron convocados principalmente los Obispos que presiden las Conferencias Episcopales de cada país o región. Allí, a través de un ambiente de oración, de la exposición de los datos respecto a los abusos en la comunidad eclesial, de la escucha del testimonio dolorosísimo de las víctimas y del reconocimiento sincero de la realidad eclesial surgida del pecado y de una actitud hipócrita y corrupta, todos fuimos llamados una vez más a convertirnos y creer en el Evangelio.

Si bien es cierto que han surgido diversos frutos de este Encuentro, entre los que se hallan los Documentos Pontificios como la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio “Ustedes son la Luz del Mundo” (Vos estis Lux mundi), la Introducción de modificaciones a las Normas sobre los delitos más graves, las Normas emanadas de Cada Conferencia Episcopal, la creación o continuación de la sección para la atención de los casos de abuso en las Diócesis y Provincias eclesiásticas, el surgimiento de talleres, diplomados y demás instancias de formación para los Miembros de estas Comisiones a nivel diocesano, nacional e internacional, todo esto no debe llevarnos al espejismo de creer que es lo único o lo principal que puede y debe hacerse para remediar estas terribles situaciones, sino que estamos llamados a una solución progresiva, profunda y constante, por medio de la cual no nos conformemos ni nos demos por satisfechos.

Aunque muchas veces suene trillado, sin embargo la solución en labios de Cristo sigue siendo metanoeite kai pisteuete en tw euaggeliw (Marcos 1, 15), que solemos traducir como “Conviértanse y crean en el Evangelio”. Pero ¿Qué significan estas palabras? Y ¿Qué consecuencias buscan tener para nuestras vidas? Sobre todo, cuando se ha llegado a pensar que el Evangelio ha sido la causa de estos abusos o de las actitudes que los propiciaron.

Nada más errado que hacer del Evangelio la raíz causante de los abusos en la Iglesia, pues la Buena Noticia de Jesucristo en ninguna parte admite el abuso como una actitud propia de un discípulo de Jesucristo y la conversión no admite tampoco que pueda llamarse bien al mal o que, en nombre de la misericordia de Dios, se ocupe ésta como una capa que maquilla la corrupción de los corazones sordos, endurecidos e incrédulos.

Metanoueite es un verbo compuesto que, en su singularidad, conlleva la superación de un modo estancado de existencia a una dinamicidad que implica comenzar un proceso íntegro y profundo de toda la persona. Si bien es cierto que en la idiosincracia grecorromana, la palabra nouz (mente) indica el interior del ser humano y en el hebreo esto se designa con la palabra bl  ((leb) que significa corazón, pero no simplemente en el sentido físico del órgano corporal, sino como signo de lo que mueve al hombre en sus convicciones más profundas, en consecuencia, la llamada de Cristo es una provocación, un llamado, a una transformación profunda que no puede ser producida a través de simples restricciones o permisivismos, sino mediante la docilidad del ser humano que reconoce que sólo puede ser hecho nuevo  y vencer la fuerza del pecado mediante la acción creadora y amorosa del Padre quien nos regenera por la Muerte y Resurrección de Cristo y nos alienta con vida nueva por su Espíritu Santo.

Por tanto, la raíz de todo abuso en la Iglesia no es la acogida del Evangelio, sino el rechazo de Dios, de su Palabra, de su salvación, de su misericordia y – aunque nos duela decirlo – es la consecuencia de un corazón sordo que, en el colmo de su corrupción, se atreve a manipular la Palabra de Dios para convertirla en instrumento de admiración personal, pero no en fuente de conversión personal, pastoral y eclesial.

Por eso, la afirmación de san Pablo sobre lo que es el Evangelio, hoy resuena con mayor intensidad: “No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para el que cree” (Rm 1, 16). Sólo esta fuerza de Dios tiene la capacidad de lograr la auténtica conversión que como Iglesia requerimos y de la cual brotará una prevención auténtica, que no se reduzca a leyes y acciones humanas e institucionales, sino que en constante espíritu de fidelidad a Cristo, esté siempre más y más dispuesta a ser “Comunidad de los que han abrazado la fe” (Hch 2, 42”) y nunca más hacer de ella “Cueva de ladrones” (Mt 21, 13).

Por tanto, sólo una prevención que nazca de una constante conversión puede producir auténticos frutos de vida nueva para la Iglesia y el mundo, pues es la condición básica desde la cual los bautizados podemos responder a nuestra vocación de ser” Sal de la Tierra y Luz del Mundo”  (Cfr. Mt 5, 13 – 16) a fin de nunca más volver a opacar la Luz de Cristo ni su acción  transformadora, sino manifestar que Él – efectivamente – hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5).

Pbro. Cristopher Cortés Pliego

Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, México

Doctorando en la PTH Sankt Georgen, Frankfurt am Main, Alemania

El Papa pide a América Latina no amedrentarse en la lucha contra los abusos en la Iglesia

En un videomensaje dirigido al Centro de Protección de Menores de la UPM,  advirte que no faltará quien contrate un sicario para limpiar el camino

Daniel Portillo Trevizo, director del principal del centro latinoamericano dedicado a capacitar en la lucha contra los abusos, sostuvo un encuentro con el Papa, en el cual le presentó su libro ‘Tolerancia cero’

El Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), con sede en la Universidad Pontificia de México (UPM), difundió un videomensaje que dirige el papa Francisco a quienes integran el centro, alentándolos en su misión.

El video fue grabado luego de un encuentro que sostuvo el Santo Padre con el sacerdote mexicano Daniel Portillo Trevizo, director del CEPROME, principal centro latinoamericano dedicado a la capacitación en la lucha contra los abusos sexuales en la Iglesia.

En su mensaje, el Papa se dirige a ellos como ‘apóstoles de la prevención’. “Sé que están luchando por todas partes para prevenir; prevenir con la fuerza del bien, toda la destrucción que hace el mal. Cuando uno ve lo que es capaz de destruir el mal, a veces se bajonea, la pierde. No, eso no”.

“Al mal se le puede vencer siempre. Es un vencedor de pocos días, de poco tiempo, no puede prometerse una victoria de siempre, tiene poca vida, pero hay que luchar para vencerlo, no hay que asustarse; y sé que se sufre con esto”, añadió.

Un acto de amor muy grande

El Santo Padre también exhortó a los miembros del CEPROME a seguir trabajando: “van a ser incomprendidos, les van a decir que pierden el tiempo, los van a amenazar, porque también hay gente que amenaza. Y más de uno les va a decir que es capaz de alquilar un sicario para limpiar el campo. Sean prudentes, cuídense, pero sigan siendo valientes y trabajen”.

Finalmente, les recordó que “prevenir los abusos de niños, prevenir los abusos de gente que está disminuida por situación social, por enfermedad, lo que sea, es un acto de amor muy grande; sigan adelante, y que Dios los bendiga y recen por mí también”.

Durante el encuentro que sostuvo el sacerdote Daniel Portillo con el Papa le habló del trabajo realizado por el CEPROME; asimismo, le habló del libro del cual es autor, titulado ‘Tolerancia cero. Estudio interdisciplinar sobre la prevención de los abusos en la Iglesia’, que arroja un diagnóstico y propuestas teológicas ante el problema del abuso sexual.

Dicho libro –según afirma en el prólogo Hans Zollner, presidente del Centre for Child Protection (CCP) de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma– “responde a las preocupaciones y urgencias del Santo Padre. Esperemos que, junto con él, avancemos hacia una Iglesia en la que el abuso de poder, la violencia sexual, el encubrimiento y el fariseísmo ya no tengan cabida”.

SEMINARIO SOBRE LA PREVENCIÓN DEL ABUSO: VENEZUELA

Caracas.- La mañana de este jueves, 27 de febrero de 2020, inició el Seminario sobre la Prevención del Abuso, promovido por la Conferencia Venezolana de Religiosos y Religiosas (CONVER), la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), el Centro de investigación y formación interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME) y la Confederación Latinoamericana de Religiosos. (CLAR).

La jornada inició con las palabras de apertura de Fray Eddy Omar Polo (OAR), Presidente de la CONVER, quien hizo énfasis en la importancia de cuidar las ovejas de Cristo. Seguidamente, tuvo lugar la disertación de Mons. José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la CEV, a partir del Encuentro de Presidentes de las Conferencias Episcopales del Mundo, convocado por el Papa Francisco del 21 al 24 de febrero de 2019 en el Vaticano, durante el cual se abordó la temática de los abusos sexuales.

En el evento participan 600 personas entre varios Obispos de las Diócesis de Venezuela, Superiores  Mayores, sacerdotes religiosos y Diocesanos, religiosas; además, de agentes de pastoral en las diferentes instituciones de la Iglesia, en el contexto de instituciones, parroquiales, sociales, responsables que tienen alguna responsabilidad.

La primera ponencia del día estuvo a cargo del Pbro. Daniel Portillo Trevizo, Director General de CEPROME, titulada “La prevención del abuso: una prioridad para la Iglesia”, en la cual expresó que la intención del seminario es hacer un análisis eclesial a través del cual generar un cambio social. De igual manera, señaló que para prevenir el abuso, es necesario establecer metas concretas y acciones a realizar, trabajando desde la convicción. Expresó que la prevención, más que un protocolo de conducta, es una cultura, la cultura del buen trato, que debe permear en la educación.

Mons. Luis Manuel Alí, Obispo auxiliar de Bogotá y miembro del Center for Child Protection de Roma y de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, abordó el tema “El problema del abuso sexual”, en el que dio a conocer los pasos dados por la Iglesia Católica para hacer frente a los abusos sexuales y los documentos de la Iglesia que abordan el tema.

En la sesión de la tarde, el P. Daniel Portillo tomó la palabra nuevamente, esta vez con el tema “Prevención y  procesos de selección a la vida sacerdotal”, indicando los aportes de la psicología en la selección y acompañamiento de candidatos a la vida religiosa y/o sacerdotal, así como los procesos formativos que deben promover las relaciones al estilo del Evangelio.

La quinta y última ponencia del primer día del seminario estuvo a cargo de Fray Antonio Carrón de la Orden de Agustinos Recoletos, profesor del

Center for Child Protection de OMA y de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, con el tema “El abuso en las instituciones educativas, deportivas y contexto digital”, señalando los espacios en los que el abuso pude presentarse de forma común y cómo prevenirlo a tiempo.

Con el lema “La Iglesia: un lugar seguro”, durante el seminario se abordarán tres ejes temáticos: El abuso en la Iglesia y en Latinoamérica, el abordaje del abuso y la reforma eclesial latinoamericana frente a este tema, y la prevención del abuso. Se trata de un espacio para conocer los términos y los diversos tipos de abuso según la psicología, lo que expone al respecto el Magisterio de la Iglesia y las pautas para la atención de casos de abusos, con la finalidad de fomentar en Venezuela la prevención del abuso de poder, de conciencia y el abuso sexual contra niños, niñas, adolescentes y adultos vulnerables, consolidando la Iglesia como lugar seguro.

Prensa CEV

Prensa CONVER

27 de febrero de 2020

“LA PREVENCIÓN DEBE ESTAR EN LA LÓGICA DEL EVANGELIO”: DR. DANIEL PORTILLO

Con el auspicio de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, cerca de 150 estudiantes de diferentes países analizarán diversas temáticas para la prevención de los abusos sexuales así como la integración de los organismos eclesiales para la atención de víctimas.

En entrevista, el padre Daniel Portillo Trevizo, director del Centro de Protección de Menores -CEPROME-explica los objetivos del ambicioso diplomado que se lleva a cabo en la Universidad Pontificia de México. En colaboración con el episcopado estadunidense, se busca consolidar un frente común latinoamericano que prevenga e impida los abusos sexuales y se den espacios de seguridad al interno de la Iglesia. El discernimiento busca detectar las eclesiopatías para que, al final, se den las soluciones que permitan la progresiva salud del cuerpo eclesiástico basados en la lógica del Evangelio y la restauración de la credibilidad.

Padre Daniel, agradecemos esta entrevista para nuestro medio. Ha iniciado el diplomado latinoamericano de prevención de abusos en la Iglesia en la Universidad Pontificia de México. ¿Qué objetivos animan este encuentro y quiénes son sus participantes? ¿Hay obispos o funcionarios eclesiásticos entre los estudiantes?

-El principal es la capacitación de agentes en nuestra Iglesia que puedan favorecer una cultura de prevención. El diplomado tiene una realidad interdisciplinar donde los alumnos pueden conocer, desde diferentes enfoques, la comprensión sobre la realidad del abuso y la necesidad de una cultura de la prevención. Más allá, es generar una red latinoamericana de prevención favoreciendo entre nosotros las sinergias necesarias para visualizar oportunidades de colaboración entre distintos países. Son 150 alumnos, entre ellos hay obispos de Venezuela y México. Este diplomado tiene mucha fuerza por la participación laical y particularmente por la presencia de mujeres.

Para la participación de quienes forman parte de este diplomado, fue importante el auspicio de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos. ¿En qué consistió el patrocinio para hacer posible la presencia de los estudiantes en la Universidad Pontificia?

-El apoyo de los obispos católicos de los Estados Unidos consistió en becas para que las personas de países en situación precaria o más pobres de Latinoamérica tengan alojamiento y alimentación durante todo el mes. La universidad, por otro lado, ofrece la beca académica para no generar costos elevados a estudiantes de países como Venezuela o Cuba, ya que para ellos podría ser complicado realizar una inversión de este nivel.

En el mensaje inaugural de bienvenida del diplomado que se extenderá por cuatro semanas, usted habló de un tema muy importante, la salida de creyentes de la Iglesia en búsqueda de coherencia y espacios seguros… ¿Ha sido grave esta huida de fieles por los abusos?

La huida de nuestros fieles por nuestras incoherencias radica en la gravedad por el simple hecho de que se haya ido tan solo una persona. Representa una gravedad cualitativa sin lugar a duda. Aunque nos resulte complicado por no tener estadísticas claras a la fecha, por un factor cualitativo y los casos, es grave cualquier situación como esta.

Otro punto que suscita interés es la afirmación en la que se dice que “la violencia sexual adquiere un dominio territorial inimaginablemente más grande”. ¿Qué quiere decir esto?

-El abuso no sólo repercute entre dos personas. Una conducta sexual de ese nivel alcanza un territorio que daña a la familia, alcanza a los amigos, a la parroquia. El dominio no sólo es en un espacio determinado, el abuso lacera ambientes más amplios. El dominio territorial se expande mucho más al del lugar donde se ha cometido.

En el desarrollo del diplomado se advertirá también de los daños causados a las “víctimas colaterales”, los fieles lastimados. ¿Qué se propondrá para la “rehabilitación” de la confianza y la credibilidad de la gente que vive en las esferas parroquiales?

Efectivamente, un tema fundamental del diplomado es hablar sobre las víctimas secundarias. Es argumento fundamental para comprender a quienes han padecido situaciones como estas. Por otro lado, es importante ver de qué manera podemos unir fuerzas con las víctimas secundarias quienes, aún estando dentro de la Iglesia, mantienen un deseo de colaborar a fin de crear estructuras eclesiales que exijan de nosotros la coherencia, niveles altos de transparencia y espacios eclesiales más amplios.

¿Se tienen contemplados algunos testimonios de víctimas durante el desarrollo del diplomado?

Participarán cuatro víctimas, una por semana. Su testimonio desde realidades tan distintas será valioso para ubicar los diversos daños y factores que un transgresor sexual clérigo católico puede desarrollar al punto de afectar la fe, la práctica religiosa y vida espiritual.

Es importante destacar que el diplomado no se trata solamente de un periodo de estudios sino también de “conversión”. ¿Qué implica lo anterior en base a los tres pilares que expuso en su mensaje inaugural: El análisis sistémico, la pastoral de la confianza y la pastoral del buen trato?

Con los pilares del diplomado, la finalidad es señalar que entre nosotros no podemos hablar sólo desde un contexto eminentemente académico. Consideramos una realidad que, como Iglesia, tenemos que llevar. Ese presupuesto es la conversión. Si todo esto no genera entre nosotros una mejor salud eclesial, un bienestar para nuestros laicos, un movimiento de conversión eclesial, al final será una falacia. La llamada cultural contra la prevención dejaría de ser “cultura” si sólo estamos motivados por establecer protocolos o estructuras meramente cosméticas. Incluso si nuestras comisiones no tienen la motivación de provocar en la Iglesia un ambiente de cultura y conversión, quedaríamos en niveles elementales poniendo en riesgo la fe y vida de cualquier creyente. Si la fe no va en la línea de la dinámica de la conversión, si la prevención no está en función de hacer un ambiente más sano basado en la lógica del Evangelio, estamos jugando con gestos paranoicos persecutorios.

El diplomado se desarrollará teniendo en los medios de comunicación el escándalo que propician nuevamente los abusos al interior de los Legionarios de Cristo y sus polémicos informes. ¿Qué opinión le merecen las determinaciones de los superiores de la Congregación? ¿Son suficientes para recuperar la credibilidad?

Este diplomado se realiza en el marco de los escándalos de los Legionarios de Cristo. Me hace pensar muchas cosas, pero una en particular es la de la motivación. ¿Cuál ha sido la motivación de nuestra prevención? Aunado a la problemática de los Legionarios, pienso que una de las críticas que podría ponerlos en una reflexión seria al interno es preguntarse acerca de las motivaciones sobre las que están actuando. Si hay la motivación de una conversión institucional que exige la conversión de una estructura. De no ser así, no podrán subsistir el día de mañana. O, por otro lado, si es una motivación generada por un ambiente externo movida por encabezados y escándalos que los obligue a actuar. Si los medios de comunicación no hubieran lanzado esta confrontación a la Iglesia, quizá no habría la cultura de la prevención. Aplicándolo a los Legionarios, me hace preguntar si esta campaña mediática que ha evidenciado las inconsistencias evangélicas, humanas, de dignidad personal, de derechos humanos que lastimaron a mucha gente a través de los Legionarios de Cristo, han generado una respuesta de motivación auténtica. Es la pregunta, ¿Ellos estarían dispuestos a actuar si todo esto no hubiera salido a la luz? Creo que esto define todo. Si sólo hay actuación obligados por los encabezados en medios, entonces no hay motivación auténtica o no es original porque está respondiendo a una amenaza institucional. Un segundo factor es el tiempo. La prevención exige un tiempo en el presente para actuar y darnos cuenta de que hay acciones que no pueden esperar a mañana. No podemos dejar acciones que hoy exigen de nosotros una coherencia de vida.

¿Qué temas se estarán desarrollando en el diplomado en estos días?

La temática del diplomado implica partir de una base del abuso social en Latinoamérica, del abuso intrafamiliar y de las realidades abusivas en la Iglesia. Hablar de los factores de corrupción institucional, de eclesiopatías, es decir, de dinámicas que enferman dentro de la Iglesia. Podemos definir una eclesiopatía como una situación anómala que detona situaciones de abuso. Por eso es importante que se hable de claricalismo, del abuso y la traición de la confianza, de la necesidad de un discernimiento vocacional y de una realidad que llamamos “seminarismo” que, dentro de las nuevas estructuras del neoconservadurismo, pueden anticipar realidades vocacionales que anteceden al clericalismo.

Teniendo en cuenta que este diplomado ha suscitado un gran interés, ¿Habrán de darse otros? ¿Qué otros cursos proyectan el CEPROME a fin de que esta formación para prevenir los abusos llegue a más agentes de evangelización, sacerdotes y laicos?

Quedaron 46 personas en espera porque no logramos apoyar a todos quienes realizaron su solicitud. Se ha dialogado con el responsable de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos a fin de dar apoyos para un grupo más pequeño al concluir este año. Además, se está preparando un congreso de análisis sobre agresores sexuales y un acompañamiento interdisciplinar para ellos.

SAN JUAN DE LOS LAGOS: COMISIÓN DIOCESANA PARA LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES

Se decreta el ser, funciones y organigrama de la Comisión Diocesana para la Protección de los Menores

El Sr. Obispo D. Jorge Alberto Cavazos Arizpe, ha emitido el decreto Protocolo 1220a/2019 por el que decreta el ser, las funciones y el organigrama de la Comisión Diocesana para la Protección de los Menores (CDPM).

Ya el 8 de diciembre de 2016, el señor Obispo, Jorge Alberto, había constituido la Comisión Diocesana para la Protección de los Menores, pero ahora, «después de tres años de trabajo continuo y constante» y a la luz del Motu Proprio Vos estis lux mundi (VELM) del Papa Francisco, se decreta que:

«La CDPM es un organismo consultivo, eclesial, interdisciplinar, formado por persona de fe y cualificadas en la materia, que tiene como tarea, ayudarme en la prevención del abuso sexual, fortaleciendo ambientes seguros y de buen trato a los menores y adultos vulnerables en la relaciones pastorales, así como, asumiendo tareas de atención, acompañamiento y seguimiento de personas, familias o comunidades concretas que les encomiende».

«El organigrama de la CDPM constará de cuatro bloques con sus distintos integrantes: 1)Coordinación: Presidente, Secretario y Tesorero; 2) Departamentos: Espiritualidad, Psicología y Pastoral; 3)Agentes: Laicos, Vida Consagrada, Seminario y Clero; 4) Asesorías: Civil y Canónica.

Se anuncia la operatividad de mecanismos de fácil acceso para presentar denuncias en caso de abuso sexual

A través de la circular Protocolo 1235a/2019 emitida con fecha del 12 de diciembre de 2019, el obispo diocesano, Su Excelencia Jorge Alberto Cavazos Arizpe, VI Obispo de la Diócesis de San Juan de los Lagos, hace un llamado «al Pueblo de Dios a denunciar y a hablar, buscando prevenir y combatir estos delitos (de abuso sexual) que traicionan la confianza de los fieles».

En la circular, Mons. Cavazos Arizpe, indica que «para presentar una denuncia, la persona afectada o que tenga noticia cierta de un delito de esta índole, cometido por un clérigo o consagrado, puede acudir, sin demora, a la Curia Diocesana (Morelos 30, colonia Centro, San Juan de los Lagos, Jalisco, México, C.P. 47000) para ser atendida por su Servidor o por el Vicario General, haciendo una cita previamente. Para facilitar este contacto, en la página web de la Diócesis se ofrecen los pasos a seguir: www.denuncia.diocesisdesanjuan.org o llamando al teléfono: 395 785 0435 extensión 103».

En la circular también se indica que «las personas y las denuncias que se presenten estará protegidas y serán tratadas de modo que se garantice su seguridad, integridad y confidencialidad».