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Prevención en movimiento 2022 – Informe semestral Ceprome

En el marco de la conmemoración del día de los Santos Inocentes recordemos que como miembros de la Iglesia compartimos una gran responsabilidad en el cuidado y protección de los menores.
Este año, los miembros del Consejo de Ceprome Latinoamérica hicimos una recopilación del trabajo realizado a nivel Latinoamérica.
Agradecemos la participación de cada uno de los #ApóstolesDeLaPrevención que desde donde se encuentran, suman esfuerzos por una Iglesia libre de abusos y ambientes seguros para todos.

#PrevenciónNuestroCompromiso

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Ministerio episcopal y prevención

Mons. Sergio Buenanueva

“Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre” (Hch 20, 28).

Conocemos estas palabras de San Pablo. Describen el ministerio de la episcopé que hemos recibido en la ordenación. El cuidado de los más vulnerables constituye parte fundamental de nuestro ministerio como obispos. Siempre lo ha sido, pero hoy interpela con más fuerza nuestra conciencia.

Me interesa subrayar este aspecto: la buena salud del cuidado pastoral del rebaño es directamente proporcional a la buena salud de nuestro ministerio episcopal.

La crisis de los abusos es una crisis del ministerio pastoral de los obispos. Así como el abuso sexual no es solo un problema de tal o cual clérigo, sino que revela una disfunción más o menos profunda en el modo de vivir el ministerio, así también las sistemáticas fallas en la respuesta a los abusos sacan a la luz un modo deficiente de ejercer nuestro ministerio episcopal.

Es imprescindible confrontarnos con esta realidad, identificando los dinamismos que han dado lugar a estos fallos. En realidad, se trata de un genuino discernimiento espiritual que tiene como sujetos al obispo y al cuerpo episcopal.

El ministerio sacramental de los obispos “es un servicio ejercitado en nombre de Cristo y tiene una índole personal y una forma colegial” (Catecismo de la Iglesia Católica 879).

Esta afirmación tiene un trasfondo de enorme alcance. La figura de Jesús Servidor es fundamental para comprender y vivir la autoridad episcopal. Se complementa con la del buen Samaritano. Una y otra ponen la compasión en el centro de nuestro ministerio. Estamos llamados a ser hombres del Espíritu que transparentan la compasión de Cristo. La episcopétoma la forma de la compasión.

Contemplando este icono inspirador, les propongo algunas cuestiones, tanto en la dimensión personal como en la colegial del ministerio episcopal en relación con el desafío de los abusos, su prevención y el desarrollo de la cultura del buen trato.

A nivel personal, señalo tres aspectos complementarios, a saber:

  1. El ministerio episcopal es una llamada personal del Señor siempre situada. Hoy implica escuchar su voz en las heridas de las víctimas y de los clérigos involucrados. Su llamada y nuestra respuesta están en el centro de nuestra biografía y experiencia espirituales.
  2. Esta llamada supone disponibilidad para un aprendizaje continuo. La docibilitas no solo no desaparece o disminuye, sino que se vuelve más intensa y exigente en la vida del obispo. En esta delicada materia estamos aprendiendo de nuestros errores, perplejidades y miedos. Por aquí pasa nuestra conversión. Es un camino genuinamente pascual.
  3. Este aprendizaje de la compasión de Cristo implica dejarnos realmente tocar por el sufrimiento de tantas vidas heridas. En este punto, el obispo tiene que ser muy honesto delante de Dios y de su conciencia: no vamos a salir indemnes de este trance pascual. La cruz hace madurar aquella esperanza de la que el obispo es servidor y testigo cualificado.

A nivel colegial, debemos tener presentes los múltiples vínculos que constituyen la identidad del obispo en la Iglesia: con el colegio episcopal y su cabeza en el seno de la conferencia episcopal, con la Iglesia diocesana que preside y con el Presbiterio con el que comparte la misión apostólica.

Uno de los frutos que podemos recoger de este aprendizaje es una renovación de nuestro servicio a la comunión y a la fraternidad eclesial promoviendo vínculos más sanos y humanos en la Iglesia.

El desafío aquí lo formularía así: si el abuso sexual es, ante todo, abuso de poder, un factor desencadenante de la crisis -como bien lo sabemos- es el clericalismo como deformación del ministerio ordenado en la Iglesia. La respuesta que la Iglesia está aprendiendo a dar a esta crisis, por consecuencia, es la convocación de esa rica diversidad de carismas, vocaciones y ministerios que el Espíritu Santo derrama y que son los múltiples rostros de cada Iglesia particular, de cada conferencia episcopal y de la Iglesia universal. Con un matiz que nos llena de esperanza: son rostros cada vez más laicales y femeninos.

La fraternidad episcopal vivida en la conferencia episcopal es un ámbito fundamental para escucharnos, dejarnos interpelar por la realidad, aprender unos de otros y discernir juntos lo que Dios nos pide en esta hora. Supone, por tanto, un ejercicio muy intenso de diálogo franco, de saber disentir y expresar lo que pensamos, de posponer intereses y abrirnos al bien mayor que estamos llamados a custodiar como pastores.

El desafío del obispo y de la conferencia episcopal es abrirse a este dinamismo, entroncar con él y promoverlo con entusiasmo.

 

 

PARA QUE NUNCA MÁS: La voz de los laicos

Ma Josefina Martínez Bernal

Santiago de Chile, 31 julio de 2020.

 

Se dice que “Iglesia somos todos”, pero algunos formamos parte, más bien, de la periferia; ocupamos una posición que históricamente no ha contado mucho en las decisiones y reflexiones al interior de la Iglesia, pero desde la cual, por el sólo hecho de la distancia, tenemos otra perspectiva para mirar lo que ocurre en el centro. Por eso, dentro de un panel donde mujeres y laicos somos minoría, agradezco a los organizadores de este seminario que hayan pensado en mí para acoger la voz de las mujeres laicas de América Latina. En honor a la verdad, no soy la mejor representante de esas mujeres que están en terreno, catequistas, agentes pastorales, voluntarias de la pastoral social, cuyo trabajo es un importante pilar que sostiene la vida de la Iglesia. Hacia ellas vuelco mi mirada cuando la credibilidad de la Iglesia está por los suelos, y cuando el fracaso de la institución frente a la problemática del abuso queda patente ante mis ojos.

En medio de ilustres expositores yo soy, como se dice, una “laica de a pie”. Trato de vivir mi fe cristiana en mi familia y en el ejercicio de mi profesión. Pero créanme que, por más que intento aferrarme al Señor, me veo en dificultades cada vez que me abruma la horrorosa realidad del abuso y la denegación de justicia oportuna por parte de la autoridad eclesiástica. Llevo 27 años ejerciendo como psicóloga, 10 de ellos formando parte de un Consejo de Prevención de abusos en la Iglesia de mi país. En mi práctica clínica he visto mucha tragedia, abusos, maltrato, duelos, trauma, pero en ninguna parte he visto el horror y destrucción que he podido encontrar acá, dentro de la Iglesia Católica. Porque en nombre de la voluntad de Dios hay quienes embaucaron a personas que tenían fe, o que carecían de afecto, de bienes o de estabilidad emocional, y en recintos sagrados les arrebataron inocencias y esperanzas. Porque con una cruz de fondo les dijeron a las víctimas que no les creían, o les prometieron que se harían cargo y no cumplieron. No es fácil pertenecer a una Iglesia que daña a las personas y traiciona la misión de Cristo que es dar vida al mundo. No es fácil ver cómo hay quienes vinieron a buscar vida y encontraron muerte. No es fácil quedar en paz después de conocer la desidia de personas llamadas a “curar”, a “pastorear” y a acompañar la vida.

Ustedes dirán: “¡Ah, es que es de Chile!”. Y yo sentiré lo mismo que cada representante de mi país ha sentido en los encuentros sobre prevención de abusos. Recibimos una compasiva mirada de pésame, pero al mismo tiempo una palabra de ánimo. ¡Fuerza!, nos dicen, y de verdad la necesitamos para perseverar. Nos anima sentir que debemos estar a la altura de quienes fueron víctimas, que en nuestro país han alzado sus voces con dolor, firmeza y valentía, obligándonos a ver lo que se quería tapar, a pensar en lo impensable y a formular lo innombrable. Porque si el acto primero y fundante en materia de prevención es romper el silencio y nombrar el abuso para poder verlo, el mérito es todo de ellos, de los sobrevivientes, que incluso al borde de sus fuerzas siguen luchando para que la tragedia siga a la vista y no sea archivada y olvidada.

¿Por qué es necesaria esta verdad? ¿Qué sentido tiene encarar el horror? ¿Por qué es fundamental sostener el malestar y la indignación que nos produce mirar la realidad del abuso cometido en ambientes eclesiales? Podría decir que casi todos los sobrevivientes que se acercan a la Iglesia a denunciar un abuso repiten la expresión “para que nunca más”. Todos ellos afirman con fuerza la necesidad de verdad para asegurar que no vuelvan a repetirse episodios de tanta angustia y tanta oscuridad. En lo que ellos piden como reparación, es decir que como Iglesia revisemos y analicemos las causas de lo ocurrido, reside la esencia de la prevención. Es más, podemos decir que en este “para que nunca más” convergen los imperativos de prevenir y reparar, en tanto la necesidad de reconocimiento por lo general pretende que nadie, dentro de la Iglesia, sufra atropellos en nombre de Dios.

En su esencia, el término prevención alude a una acción temprana y designa las medidas orientadas a evitar los abusos sexuales o, al menos, reducir la probabilidad de su ocurrencia. Sin duda éste se trata del aspecto más olvidado en el abordaje del problema pues, al igual que otras instituciones, la Iglesia Católica ha sido más reactiva que proactiva.

Cuando necesitemos acudir al recién publicado Vademécum, desgraciadamente habremos llegado tarde. El abuso ya ocurrió. Este esperado documento es una buena y necesaria noticia y no quisiera opacarla, especialmente reconociendo el valioso esfuerzo realizado para aclarar y acercar a todos un lenguaje y procedimientos que pudieran parecer áridos y difíciles de comprender. No dudo del valor preventivo que puede tener el aspecto penal de la justicia, en términos de disuadir de cometer un delito y de declarar la no aceptación de conductas que resultan inadmisibles… (aunque muchas veces las medidas y sentencias nos hagan pensar que estas se toleran más de lo que quisiéramos). Sin embargo, tampoco dudo de la insuficiencia de la ley en lo que a prevención del abuso se refiere y miro con preocupación los afanes legalistas que se ven en nuestra Iglesia, según los cuales pareciera ser que, si no hay delito, no hay problema; y, por ende, nada que se pueda hacer.

Pero insisto en la necesidad de anticiparnos; insisto en la importancia de intentar llegar antes.

Para prevenir y evitar la ocurrencia abusos es necesario comprender qué los origina. No voy a profundizar aquí en algo que conocemos y todos los estudios demuestran: para entender las causas del abuso sexual no basta poner el foco en quien lo comete; también es necesario mirar cómo es el contexto relacional que hace posible que quien abusa actúe y perpetúe su delito en el tiempo en la más absoluta impunidad.

¡Cuánta resistencia a revisar críticamente los contextos eclesiales! Es más simple engañarse y pensar que la prevención se resuelve instalando cámaras, diseñando folletos y enseñando la autoprotección a los niños y niñas. Sin embargo, la magnitud de la tragedia de los abusos en la Iglesia no admite engaños y obliga al ejercicio de repensarnos. La realidad institucional en ocasiones desfigura el modo de convivir y naturaliza prácticas de abuso de conciencia, de anulación del sentido crítico y de colonización de la propia voluntad. La convivencia del machismo y el clericalismo no ayuda en nada a construir espacios sanos, donde la autocrítica sea posible y donde disentir no sea peligroso.

Sepamos que no tendremos políticas de prevención válidas si ellas no se plantean de manera seria, el asunto del abuso de poder que existe en la Iglesia como núcleo del problema.

¿Que nos pasó? ¿Cómo es posible que no hayamos visto? Debiesen ser las preguntas ineludibles que orienten nuestra revisión. Sólo a partir de ellas podremos aspirar a esos ambientes sanos y seguros que tanto proclamamos como necesarios; ambientes donde:

  • –  en lugar de ocultamiento haya verdad;
  • –  en lugar de negación haya reconocimiento;
  • –  en lugar de silenciamiento haya libertad de expresión;
  • –  en lugar de sometimiento haya participación;
  • –  en lugar de olvido haya memoria;
  • –  en lugar de impunidad haya justicia.

     

    ¿Cómo seguimos adelante? ¿Cuál es nuestro rol como laicos y como laicas? ¿Vamos a esperar ser convocados o vamos a despertar y opinar, dejando de actuar como rebaño? Involucrarnos, sentirnos interpelados, aun cuando los esfuerzos terminen siendo colisionados violentamente por el desinterés de algunos, por el resquicio de la norma o por la complejidad de la burocracia traducida en ese eufemismo enfermizo de “los tiempos de la Iglesia”. Insistir, perseverar, resistir.

    Hoy muchas víctimas esperan poco o nada de la autoridad. A muchas de ellas su fue les fue pisoteada, otras la atesoran a punta de dudas y tropiezos; unas pocas la mantienen incólume. “No esperaba nada de ellos y aun así me decepcionaron”, son palabras que aun resuenan en mi oído, pronunciadas por una sobreviviente al recibir hace poco la respuesta a su denuncia realizada hace dos años, cuando pensamos que en Chile vendrían tiempos mejores.

    Hay mucha gente buena al lado de las víctimas. Pienso en la parábola del Buen Samaritano, que no sólo se preocupa de curar sino de asegurar la recuperación del prójimo. Mientras que quien debía asumir, pasa por otro lado y se hace el desentendido. “No me corresponde”, “no puedo hacer nada”, “no está dentro de mis facultades”, son frases que escuchamos tantas veces…

    Pienso que esa Iglesia, la de la gente que acompaña y cura, es la Iglesia que Jesucristo quiere. Esa esperanza me hace perseverar. Esa esperanza es mi motivo.

    Muchas gracias.

LA PREVENCIÓN EN LA IGLESIA: LA MISIÓN DE LOS LAICOS.

Este 20 de junio de 2010, a las 11:00 am, hora de México, se hará la presentación formal del nuevo libro: «La prevención en la Iglesia – La misión de los laicos», a la venta en Amazon, del cual ofrecemos el Prefacio y hacemos una breve reseña.

Comencemos por el elenco de autores, entre los que destaca la colombiana Ilva Myriam Hoyos Castañeda, de la que la prologuista refiere:

“Si pudiera elegir un tema dominante de este libro, sería el de Ilva Myriam Hoyos Castañeda, quien describe el “Apostolado de la prevención: Un acto de amor”. Reflexionando sobre el momento en que Jesús trae a un niño ante él (Mc 9, 36), sobre la inocencia sagrada y la vulnerabilidad de quienes estamos llamados a proteger, Ilva describe la prevención, sobre todo, como un acto de amor (Tina Campbell, Coordinadora Nacional de Salvaguarda de la Conferencia Episcopal de Escocia. Prologuista del libro).

El libro trae los profundos y valientes testimonios de Érika Zúñiga y Daniel Pittet, quienes describen su propio abuso por parte de un sacerdote católico, el impacto sufrido y al contarlo a sus familias, y su experiencia retraumatizante. Érika también se describe hoy a sí misma como apóstol de la prevención.

Daniel Pittet, en su testimonio, recuerda haber rezado por el clérigo que abusó sexualmente de él, a la edad de 12 años, para poder liberarse. El P. Daniel Portillo ahonda el concepto de perdón, el cual no se trata de que la víctima perdone al abusador, y tampoco como una reconciliación, sino del apoyo que recibe una víctima para liberarse del mal del abuso. El P. Daniel Portillo comparte una reflexión muy humana sobre las prioridades de su trabajo actual, y describe la importancia del impacto emocional al escuchar a una víctima.

Otros autores, cuyos aportes son igualmente valiosos, son: Angela Rinaldi, Benjamín Clariond, Zaira Noemí Rosales Ortega, Jazmín Velasco de Avilés, Inés San Martín, María Inés Franck e Irma Hernández, cada uno con un importante aspecto en el que aportan su conocimiento y experiencia con las víctimas de abuso.

La prologuista afirma:

“La calidad de nuestra capacidad de respuesta a las víctimas refleja la verdad del compromiso”.

Y finalmente concluye:

“Este libro tiene mucho que aportar para todos los miembros, actuales y futuros, del Apostolado de la Prevención”.

COMUNICADO: IGLESIA DE COSTA RICA PUBLICA LÍNEAS-GUÍA Y COMISIONES PARA CASOS DE ABUSO SEXUAL

Comunicado de la Comisión Nacional de Protección de Menores y de Adultos en Vulnerabilidad.

Iglesia de Costa Rica publica Líneas-Guía y Comisiones diocesanas para casos de abuso sexual. 1 de junio 2020.

La Comisión Nacional de Protección a Menores y Adultos en Vulnerabilidad (CONAPROME) de la Conferencia Episcopal de Costa Rica publica para todas las diócesis del país el Protocolo o las Líneas-Guía para la actuación en casos de abuso sexual a menores o adultos en vulnerabilidad por parte de clero y consagrados.

El Papa Francisco, en su deseo de proveer a la Iglesia universal de instrumentos que ayuden a erradicar, de modo determinante, de la vida de las comunidades eclesiales el terrible flagelo que implica todo tipo de abuso y, en particular, contra los más pequeños e indefensos, determinó en su Carta Apostólica, en forma de “motu proprio” VOS ESTIS LUX MUNDI (Vosotros sois la luz del mundo), promulgada el 7 de mayo 2019, que tras de su entrada en vigor todas las diócesis de la Iglesia universal deberían tener y dar a conocer a los fieles y a la sociedad en general uno o más sistemas estables y fácilmente accesibles al público para presentar informes o denuncias fundadas sobre situaciones de abuso contra personas menores de edad o en estado de vulnerabilidad, que se pudieran haber dado o estar sucediendo por parte de sacerdotes, religiosos o consagrados.

Este 1 de junio 2020 se cumple la fecha establecida por el Papa Francisco para la entrada en vigor, en toda la Iglesia Católica, de este documento, que pide en tener listos los mencionados mecanismos y procesos para realizar denuncias de abuso sexual contra menores y adultos en vulnerabilidad en todas las diócesis del mundo y nuestro país no es la excepción. Por esta razón, y en esta especial fecha, CONAPROME publica no solo el Protocolo que contiene las Líneas Guía, aprobadas por los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, desde diciembre 2019, sino también la integración de las comisiones diocesanas que estarán atendiendo estos casos y denuncias.

Monseñor José Manuel Garita, obispo de Ciudad Quesada es quien preside CONAPROME, y al respecto de esta publicación comenta “La comisión ha venido trabajando en estas Líneas Guía y en códigos de conducta que aplicarán para todo el país. En enero 2020 enviamos dos miembros de la comisión a una formación específica sobre este tema a México y ahora vamos hacia un fuerte trabajo de aplicación del protocolo y de prevención para el abuso sexual en todos los ambientes de la Iglesia costarricense, así como también hacia la conformación y trabajo conjunto con las comisiones diocesanas”.

Los Obispos de Costa Rica están comprometidos con la erradicación de este mal que afecta a todas las estructuras de la sociedad, pero que, de manera muy particular y decidida, debe ser corregido y erradicado sin demora en la Iglesia. Con este Protocolo se busca instaurar ambientes sanos y seguros que garanticen el cuidado y desarrollo de todos los que participan en la Iglesia y especialmente de los menores y más vulnerables.

“Es importante dar una respuesta inmediata ante los casos de denuncia que se presenten en esta materia, sabiendo que las víctimas son la prioridad, ejecutando todos los procedimientos con transparencia absoluta, tolerancia cero y evitando cualquier tipo de manifestación de secretismo u obscuridad en el proceso”, agregó Monseñor José Manuel Garita Herrera.

El principal objetivo de estas Líneas Guía, con relación con las personas ofendidas, es brindarles la protección necesaria y el acompañamiento debido. Con relación al sacerdote o consagrado (a) que ha sido acusado (a), se le debe orientar para que pueda asumir responsablemente las consecuencias de su pecado y delito, a fin de enfrentar tanto la ley civil como canónica, según sea el caso, y emprender un proceso de sanación, perdón y conversión como lo pide el Papa Francisco: “erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual de menores y abrir un camino de reconciliación y curación para quien ha sufrido abusos, garantizar la protección de los menores y adultos vulnerables y dar respuesta de justicia y misericordia” (Homilía, 2 de febrero de 2015).

Asimismo, “Con este protocolo se da un paso importante hacia la prevención de abusos de todo tipo en la Iglesia local, de tal forma que será en adelante un trabajo conjunto de todos: laicos, religiosos, sacerdotes, comunidades y obispos. Todos comprometidos con este mismo fin, solo así lograremos realmente proteger a nuestros menores y adultos en vulnerabilidad” ha expresado también el Lic. Juan Carlos Oviedo, Psicólogo de CONAPROME.

Consejo Pastoral para la Protección de los Menores y Adultos Vulnerables: inicio de una nueva herramienta web.

En mayo de 2017 los obispos argentinos crearon el “Consejo pastoral para la protección de menores y adultos vulnerables”, a fin de brindar asesoramiento a la Iglesia en la Argentina en cuestiones vinculadas con la prevención de abusos sexuales y la protección y acompañamiento de víctimas.

Obispos, religiosos, sacerdotes y laicos de distintas profesiones relacionadas se cuentan entre los miembros de este Consejo.Como pidió el Papa Francisco en febrero de 2019 al cerrar el encuentro sobre “La protección de los menores en la Iglesia”, se trata de “tomar todas las medidas prácticas que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad”, junto a “las medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña: humillación, acto de contrición, oración, penitencia”, a fin de “colaborar juntos para erradicar esta brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial”.

A través de su página web, que hoy presentamos, el Consejo quiere ponerse a disposición de todos los miembros de la Iglesia, especialmente de aquellos que más lo necesitan y, con humildad y amor fraterno, acercarse a todas las personas afectadas por el drama de los abusos de conciencia, de poder y sexuales en ámbitos de la Iglesia.

Se busca también ofrecer herramientas de concientización, capacitación y acompañamiento tanto a personas como a comunidades, así como un canal para consultas vinculadas con esta problemática para quienes lo requieran.

Queremos que nuestros espacios eclesiales sean ámbitos de crecimiento y plenitud para todos. “Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura”[2].

Pedimos al Señor, por intercesión de María, Madre de todos en la Iglesia, que guíe e inspire el servicio de este Consejo en favor de aquellos hermanos que sean más vulnerables y de ambientes eclesiales más seguros.

Consejo Pastoral para la Protección de los Menores y Adultos Vulnerables

México prepara Congreso Latinoamericano sobre prevención de abusos en la Iglesia: Prensa CELAM

Prensa CELAM. Del 6 al 8 de noviembre México será la sede del Congreso Latinoamericano sobre la prevención del abuso en la Iglesia Católica . Un evento organizado gracias a la alianza de instituciones como la Comisión Pontificia para la Protección de menores, la Universidad Pontificia de México, la Pontificia Universidad Gregoriana, la Conferencia Episcopal de México y el Consejo Episcopal Latinoamericano.

El congreso se dedicará al análisis y reflexión sobre temas relacionados con la infancia y la Iglesia así como las acciones para prevenir el abuso sexual en la Iglesia, las medidas cautelares que se han establecidos en los diferentes casos y los procesos integrales de prevención y discernimiento vocacional.

Según la agenda prevista se abordarán temas como el abuso sexual en la Iglesia y de manera específica en América Latina y el Caribe; así como la reforma eclesial frente al tema del abuso y los procesos de intervención que se deben ejecutar para frenar los efectos de la problemática.

Los ponentes

– Cardenal Blaise Joseph Cupich: Arzobispo metropolitano de Chicago.

– Cardenal Carlos Aguiar Retes: Arzobispo Primado de México y custodio de la imagen de la Virgen de Guadalupe.

– Monseñor Charles Scicluna: Arzobispo de la Arquidiocesis de Malta, promotor de justicia en la Congregación para la Doctrina de la fe.

– Monseñor Rogelio Cabrera López: Presidente de la Conferencia Episcopal de México y presidente del Consejo de Asuntos Económicos del CELAM.

– Monseñor Luis Manuel Alí Herrera: Vicario General del Centro de Comunión y Participación de la Arquidiocesis de Bogotà, responsable de las comunidades religiosas, movimientos laicos y de la formación inicial y permanente de los sacerdotes diocesanos.

– Dra. María Cristina Perceval: Directora Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.

– Dr. Hans Zollner: Sacerdote doctorado en Teología y licenciado en Psicología y Psicoterapia.

– Dr. Amedeo Cencini: Profesor de pastoral vocacional y de metodología de la dirección espiritual en la Universidad Salesiana de Roma.

– Dr. Daniel Portillo Trevizo: Sacerdote de la Arquidiócesis de Chihuahua. Estudió licenciatura en Teología Espiritual y especialización en formación sacerdotal en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

– Dr. Mario Medina Balam: Sacerdote de la Arquidiócesis de Yucatán, doctorado en derecho canónico por la Universidad Saint Paúl de Ottawa en Canadá. Profesor y decano de la Facultad de Derecho Canónico.

– Juan Carlos Cruz: Director de la Fundación para la confianza. Víctima del caso Karadima en Chile.

Francisco: “Cualquier persona que impida llegar a Jesús a un chico, tiene que ser detenido en sus actitudes, corregido, si estamos a tiempo, o castigado, si hay delito de por medio”.

(ZENIT – 19 julio 2019).- El Papa Francisco ha enviado un mensaje de apoyo y agradecimiento a todas las personas del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), en México.

Actualmente, del 1 de julio al 2 de agosto se celebra el curso de protección de menores “La prevención en la Iglesia Latinoamericana”, en la Universidad Pontificia de México, impartido por el Centro de Protección de Menores (CEPROME).

“Este curso es importante para que nadie abuse de ellos, nadie les impida llegar a Jesús”, expresa el Papa en un video de poco de más de tres minutos de duración. “Escuchemos otra vez la voz de Jesús: Dejen que vengan a mí, no impidan que los chicos vengan a mí. Cualquiera persona religioso, religiosa, laico, laica, obispo… cualquier persona que impida llegar a Jesús a un chico, tiene que ser detenido en sus actitudes, corregido, si estamos a tiempo, o castigado, si hay delito de por medio”.

El video mensaje fue publicado el pasado 17 de julio de 2019, en las redes sociales de la universidad, sede del curso organizado por el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), e impartido por el sacerdote Daniel Portillo, director del centro, y un grupo de especialistas.

Apostolado de la prevención

Francisco les ha animado a “prevenir para cuidar a los menores”, y ha hablado de un “apostolado de la prevención”. El Pontífice argentino relata que don Bosco “intuyó esto e instituyó un modo de actuar en la educación que se llamó sistema preventivo muy criticado por las épocas más iluministas de la educación pero que después nos dimos cuenta de que hubo un gran valor ahí”: “Sistema preventivo, prevenir”, ha pronunciado el Papa.

“Les agradezco que hayan venido a este curso, pongan lo mejor de ustedes. Les deseo éxito y les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen los cuide”.

El Centro de Protección de Menores, se propone ser un espacio de investigación y formación interdisciplinar que ayude a promover la protección de los menores, para lo cual ofrecerá, a las diócesis y congregaciones religiosas, la posibilidad de realizar un estudio especializado.

Papa Francisco: “La protección de los menores es un problema serio”

“La protección de los menores es un problema serio. Es un problema del que todos conocemos las vergüenzas que nos ha traído a la Iglesia, que miembros nuestros hayan intervenido, hayan actuado en estos delitos”: comienza así el video mensaje enviado por el Papa Francisco a los estudiantes del curso sobre protocolos y procesos de prevención para la protección del menor, organizado por el Centro de investigación y formación interdisciplinar para la protección del menor (CEPROME), en la Universidad Pontificia de México. Un curso – señala el Pontífice – “importante por todos los menores, para que nadie, nadie, abuse de ellos, nadie les impida llegar a Jesús”. Francisco se remite a las palabras de Jesús: “Dejen que vengan a mí” e indica que “cualquier persona, religioso, religiosa, laico, laica, obispo, cualquier persona, que impida llegar a Jesús a un chico, tiene que ser detenido en sus actitudes, corregido si estamos a tiempo, o castigado si hay delito de por medio”.

La prevención, un apostolado

Haciendo hincapié en el tema de la prevención el Santo Padre hace una comparación con las adicciones: “¿Cómo prevenir para que los chicos no caigan en la droga? Aquí es: ¿Cómo prevenir para que los chicos no sean abusados?”:

“Prevenir para cuidar a los menores, es el apostolado de la prevención. ”

Seguir el sistema preventivo de don Bosco

Francisco recuerda que fue don Bosco quien “instituyó un modo de actuar en la educación que se lo llamó sistema preventivo”, “muy criticado por las épocas más iluministas de la educación”.  “Después nos dimos cuenta que había un gran valor allí”,  “un valor fundamental” porque – alerta el Papa – “vos nunca sabés dónde te van a abusar un chico, dónde a un chico te lo van a desviar, donde le van a enseñar a fumar droga, que es una manera de corrupción, porque no pensemos solamente en abuso sexual, cualquier tipo de abuso, cualquier tipo de abuso”.

El Ceprome

El curso, con sede en las instalaciones de la Universidad Pontificia de México, fue inaugurado el pasado 1° de julio por el Nuncio Apostólico, Monseñor Franco Coppola, con una ponencia titulada “La Prevención del Abuso en la Iglesia Latinoamericana”.

El Centro de investigación y formación interdisciplinar para la protección del menor (CEPROME),  nació de un convenio de colaboración, en 2016,  entre la Universidad Pontificia de México con el Centro de Protección a la Infancia, con sede en la Universidad Gregoriana de Roma. Esta institución dirigida por el sacerdote y psicólogo P. Daniel Portillo Trevizo, también tiene programado realizar este año el primer Congreso Latinoamericano sobre la Prevención del Abuso de Menores, del 6 al 8 de noviembre.

Francisco: “Prevenir, prevenir, prevenir, por todos los menores, para que nadie abuse de ellos”.

Francisco envió un mensaje a los participantes de la diplomatura “Fundamentos teóricos para la protección del menor”, que se desarrolla en la Universidad Pontificia de México

Pidió a los asistentes trabajar de manera particular en la prevención “para que los chicos no sean abusados”. “Es el apostolado de la prevención”

Además de agradecerles por su interés en el tema, el Santo Padre los exhortó a trabajar en la prevención de abusos sexuales.

El mensaje, de poco más de tres minutos, fue hecho público este miércoles en las redes sociales de la universidad, que es sede del curso organizado por el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (Ceprome), e impartido por el sacerdote Daniel Portillo –director del centro– y un grupo de especialistas.

“La protección de los menores es un problema serio –dijo el Santo Padre–; todos conocemos las vergüenzas que nos ha traído a la Iglesia porque miembros nuestros han intervenido en esos delitos, pero no sólo por eso es importante este curso, sino por todos los menores, para que nadie abuse de ellos, nadie les impida llegar a Jesús”.

Cualquier persona –continuó– ya sea religioso, religiosa, laico, laica u obispo que impida a un chico llegar a Jesús, tiene que ser detenido en sus actitudes: corregido, si estamos a tiempo; o castigado, si hay delito de por medio”.

Puso como ejemplo a San Juan Bosco, quien instituyó un modo de actuar en la educación al cual se le llamó ‘sistema preventivo’. Dijo que si bien este sistema fue muy criticado en las épocas más “iluministas de la educación”, después el mundo se dio cuenta de su valor.

“Prevenir, prevenir, prevenir”, insistió Francisco, “porque ustedes nunca saben dónde van a abusar de un chico, dónde lo van a desviar, dónde le van a enseñar a fumar droga. Esas son maneras de corrupción. No pensemos sólo en abuso sexual, sino en cualquier tipo de abusos”, alertó.

Finalmente, el Pontífice agradeció a los participantes por cursar dicha diplomatura, y los motivó a poner el mayor esfuerzo. “Les deseo éxito, y les pido que recen por mí”, concluyó.