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La Iglesia quiere escuchar mejor y sanar la herida de los abusos

San José, Costa Rica – 4 de marzo de 2026. El V Congreso Latinoamericano del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), dejó un mensaje central en su primer día: la Iglesia quiere escuchar mejor y sanar las heridas de los abusos.

Para la apertura del Congreso, Monseñor Javier Román Arias, Obispo de Limón y presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, enfatizó que este “no es un evento académico más, es el clamor de una Iglesia que reconoce su dolor por los pecados cometidos y decide mirarlos de frente”. Señaló que “la plaga del abuso es una traición al evangelio una herida al cuerpo de Cristo”.

Por este motivo, fue claro sobre la actuación que debe tener la Iglesia ante los abusos: “debemos actuar sin miedo. Debemos colaborar con las autoridades civiles y asumir las responsabilidades. No hacerlo sería traicionar nuestra misión. Actuar con firmeza no destruye a la Iglesia; la purifica”.

Asimismo, Mons. Mark Gerard Miles, Nuncio Apostólico en Costa Rica, dio lectura al mensaje del Papa León XIV, quien hizo un llamado “a una verdadera conversión en la justicia: personal, pastoral e institucional” y pidió asumir en primera persona una cultura del cuidado capaz de prevenir el abuso, escuchar a las víctimas y dar testimonio de la ternura de Cristo, “transformando las heridas en rendijas de esperanza”.

Enfatizó que el proceso de reparación, tema central del Congreso, “no puede reducirse a cumplimientos formales” y que asumir este compromiso vuelve a la Iglesia “más creíble, más humana y evangélica”.

Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada y presidente de la Comisión Nacional de Protección de Menores de Costa Rica, también hizo un llamado a no ser indiferentes ante los abusos, y que es deber de todos en la Iglesia “acompañar, proteger y trabajar con perseverancia para que la Iglesia sea siempre un espacio seguro, donde la justicia y la misericordia caminen unidas, y donde la dignidad de cada persona sea respetada y custodiada”.

El Pbro. Dr. Daniel Portillo Tevizo, director de CEPROME, se dirigió a los “apóstoles de la prevención” que asisten a este encuentro en Costa Rica, el cual “es un signo de los tiempos y una respuesta responsable ante la herida que no podemos ignorar”. Hizo referencia a la escena bíblica de Jesús ante la tumba de Lázaro, cuando muestra que no evade el dolor y a pesar de que la muerte ha hecho su trabajo, surge la esperanza, el milagro de la vida, la reparación ante quien sufre.

Por su parte, Mons. Roberto Álvarez de Argentina, impartió a la luz de la Palabra de Dios, la reflexión “Reparación: cuando la sanación se siente”. Invitó a profundizar en una verdad esencial: la reparación no puede limitarse a lo canónicamente establecido ni a procedimientos formales que, aunque necesarios, pueden volverse fríos si no están atravesados por la empatía. La verdadera reparación ocurre cuando la víctima la siente, cuando se le avisa, se le escucha y se le reconoce en su dolor. Al escudriñar el Evangelio de la hija de Jairo, hizo mención a que la misión es acercarse con la ternura de Cristo, que no actúa desde la distancia normativa, sino desde la compasión que toca, levanta y devuelve dignidad.

Posteriormente, la ponencia del Dr. Carlos Álvarez SJ, “Dios presente: Teología de la reparación en un tiempo de heridas”, trató del contexto marcado por el dolor y la desconfianza, y subrayó que Dios no permanece distante ante las heridas, sino que se hace presente en ellas. La reparación auténtica, desde esta perspectiva, es signo de un Dios que acompaña, sostiene y restaura; un Dios que no niega el sufrimiento, sino que lo asume para transformarlo en camino de sanación y esperanza.

Habló del clericalismo que se posa desde la jerarquía como causa que también provoca daño en la institución eclesial. Llamó a erradicar estas actitudes como forma de construir una cultura verdaderamente evangélica, donde la autoridad se ejerza como servicio, la corresponsabilidad sea real y la escucha a las víctimas ocupe un lugar central. Solo así —subrayó— será posible avanzar hacia una Iglesia más transparente, humilde y comprometida con procesos auténticos de reparación y reconciliación.

Por la tarde de este primer día se realizaron tres simposios, en el cual los participantes se dividieron en distintos salones para tratar diferentes y enriquecedoras temáticas: Enfoque integral en la atención y reparación a las víctimas; Aspectos legales civiles y canónicos y derechos de las víctimas; y, El papel de las comunidades y redes de apoyo.

Es importante resaltar que, durante este primer día de Congreso Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, también dirigió su mensaje, no sin antes pedir un reconocimiento y agradecimiento para el trabajo que realiza CEPROME.

“La Iglesia en América Latina decidió dar un paso más hacia una cultura donde la dignidad humana sea defendida sin ambigüedades. A quienes han sufrido, la Iglesia quiere escuchar mejor, caminar con ustedes, quiere que su dolor no sea ignorado jamás”, recalcó.

La jornada finalizó con la Eucaristía, la cual fue presidida por Mons. Javier Román, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, y quien en su homilía recalcó: “No hay sanación donde se minimiza la herida. Actuar con verdad no traiciona a la Iglesia, la purifica. Porque la Iglesia no se sostiene sobre silencios, sino sobre el Evangelio. Y el Evangelio no teme la luz. La justicia es necesaria; la misericordia también. A la víctima se le debe reparación y acompañamiento firme”.

SOBREVIVIENTE DE ABUSOS PIDE A LAICOS Y SACERDOTES ACOGER A VÍCTIMAS COMO CRISTO LO HARÍA

Una joven sobreviviente de abusos sexuales a manos de un sacerdote mexicano alienta a laicos y sacerdotes a acoger con misericordia, escucha y apertura a las víctimas que denuncian casos, tal como lo haría Jesucristo.

Érika Zúñiga tiene hoy 29 años y sufrió los abusos de un sacerdote aproximadamente desde los 7 a los 14 años. Hoy se considera ya no una víctima sino una sobreviviente y, mediante su testimonio, se empeña en ayudar a otras personas que han pasado por una situación similar tras haberse capacitado en el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la protección del menor (CEPROME), de la Universidad Pontificia de México.

En diálogo con ACI Prensa, Érika recuerda que no fue hasta sus 17 años, en 2009, que tomó conciencia de lo que había sufrido.

La primera persona a quien decidió contarle lo que había sucedido fue su madre. “Algo que  me ayudó mucho es que mi mamá jamás dudó de mí. En cuanto yo le dije lo que pasó, ella se rompió en llanto y me dijo que todo iba a estar bien. Nunca me cuestionó ‘¿estás segura? o, ¿no te estás confundiendo?’”.

“En cuanto yo le dije, ella lo creyó. Eso fue algo que a mí me ayudó bastante. Sin embargo, no fue la misma respuesta la que obtuve de parte del obispo de mi diócesis quien fue la persona a la que recurrí para pedir ayuda”, recuerda.

La revictimización a manos de un obispo

Cuando junto a su madre lleva el caso ante el obispo de su diócesis, Érika señala: “En ningún momento vi interés hacia mi persona. Dijo que supuestamente se tenían que recibir tres casos de abusos cometidos por el mismo sacerdote para poder actuar. Cosa que no era real, no existía esto en ningún código de derecho canónico”.

Pero otra frase tendría un impacto aún más doloroso para Érika. “Él citó una parte del Evangelio en donde dice que debía ser astuta como las serpientes, pero suave como las palomas. La verdad, no entendía a qué se refería. Y cuando pregunté, me dijo que porque yo era muy bella y tenía que tener cuidado”, recuerda.

“Cuando me dice eso yo lo que siento es vergüenza, porque pienso ‘entonces yo tengo la culpa’. Y fue el inicio de un proceso de revictimización bastante duro”, añade.

Ese decepcionante encuentro con su obispo la llevó a prometerse que jamás volvería a buscar apoyo de parte de la Iglesia. “Prometí buscar por mí misma estar bien, buscar terapia psicológica, buscar la forma de salir adelante”.

No sería hasta que viajó en 2014 a Roma, con ocasión de la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, que se le presentaría la oportunidad de encontrar justicia en el seno de la Iglesia.

En ese viaje, sin esperarlo ni buscarlo, conoció a un sacerdote que trabajaba en la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede. “Él me abrió las puertas para que yo pudiera exponer mi caso”, señala.

Tras esa acogida, asegura, “sentí bastante esperanza, pensé que cuando se cerraba una puerta se abrían otras”.

“Y creo que este es un mensaje importante que quiero transmitir a otras posibles sobrevivientes que han pasado por lo mismo: siempre hay otras puertas que se abren y que Dios, en su generosidad y en su misericordia, va buscando la manera de acompañarte”, expresa.

El proceso impulsado desde el Vaticano culminó con la dimisión del estado clerical del sacerdote acusado de abuso, pero la revictimización no acabaría. “A raíz de la dimisión, el obispo empieza a decir a los sacerdotes que él (el sacerdote abusador) se retiraba porque estaba enfermo, incluso me tocó asistir a distintas Misas en dónde pedían por su salud física”, indica.

Érika recuerda que “escuchar esto me hacía sentir otro golpe, porque yo sabía que era importante que se supiera la verdad, ya que, aunque él ya no es sacerdote, sigue como civil y uno de mis propósitos de continuar con este proceso era evitar que existieran futuras víctimas, ya no más”.

“Sacerdotes y religiosas que fueron el otro lado de la moneda”

A pesar de lo que ha sufrido, Érika no se ha alejado de la Iglesia Católica ni considera que todos los sacerdotes sean abusadores.

“Estoy en contacto con sacerdotes y religiosas que han sido el otro lado de la moneda, que son para mí siempre un apoyo, una guía. Son para mí personas que están ahí, que me demuestran su cariño genuino”, asegura.

Para ella resulta importante “ver que dentro de la Iglesia no hay solamente sacerdotes que se equivocan y dañan, sino que también hay sacerdotes que han sabido acompañarme”.

Un mensaje a los sacerdotes

Érika expresa que le gustaría invitar a los sacerdotes a que tengan “primero que nada una actitud de empatía, de escucha y misericordia ante la persona que ha sufrido abuso, tratar sobre todo de no juzgar a la persona que está al frente y tratar los casos de manera particular”, alienta.

“Piensen siempre cómo sería Cristo si llega una persona sufriente y doliente. Cómo respondería Él, qué haría, cómo los acogería, en qué se interesaría”, continúa.

A los laicos: No endiosar a los sacerdotes

Al reflexionar sobre el papel que deben tener los laicos frente a las víctimas de abusos a manos de sacerdotes, Érika lamenta que “hay muchas personas que no quieren escuchar, que no quieren darse cuenta que esto es una realidad. Nosotros, como laicos, como Iglesia, hemos cometido el error de endiosar a los sacerdotes, no verlos como humanos y  ponerlos por encima de nosotros mismos”.

“Creo que debe de haber una formación progresiva, que ayude a los laicos a ir aceptando estos temas. Veo que hay una resistencia bastante dura, bastante fuerte y muy notoria tanto en clérigos, como en laicos, hacia el tema”, señala.

“El punto clave por lo pronto es iniciar por tener apertura en el tema. Afortunadamente se ha avanzado y ya hay documentos, literatura, instituciones, centros de formación y comisiones para la protección del menor, que nos ayudan a entender un poco más sobre el tema. Sabemos que muchas familias están sufriendo y nosotros como familia Cristiana debemos acoger, tener apertura y sensibilidad hacia el sufrimiento de otros, interesarnos y no verlo como algo ajeno, se puede hacer mucho, empezando por la oración”, indica.

A los sobrevivientes de abusos: “Hay esperanza”

La joven sobreviviente de abuso sexual manifestó también un mensaje para las víctimas que sufren como ella: “hay esperanza”.

“Pienso que nunca va a ser suficiente para tener un proceso finalizado. Yo sigo en la lucha, es un día a día, pero Cristo ha sufrido conmigo, ha sentido y vivido mi dolor desde su propia flagelación, y también goza a cada paso que doy en mi camino de restauración. Dios es amor y misericordia, y tengo la certeza absoluta de que él, en ningún momento  ha querido este sufrimiento para mí”, asegura.

Érika también subraya que el haber sufrido un abuso sexual “es algo con lo que luchas diario pero no es algo que te define. No somos producto de un abuso, somos personas que estamos sufriendo nuestra historia y que estamos tratando de darle sentido a nuestra vida, aceptando esa historia”.

“Lo que les quisiera decir es que busquen siempre la justicia, que busquen siempre puertas abiertas. Porque siempre que se cierra alguna hay otras que se abren. Que traten siempre de tener su mirada puesta en su bienestar y en el de las otras posibles víctimas que pueden estar alrededor del agresor. No están solos, aunque aún hay mucho que purificar, hay una Iglesia reformándose para atender a su dolor, yo misma lo he experimentado”.

WEBINAR: SE ABORDÓ LA PREVENCIÓN COMO COMPROMISO Y RESPONSABILIDAD DE TODOS

Este 31 de julio se desarrolló el seminario “La prevención del abuso en la Iglesia latinoamericana”, un esfuerzo coordinado por CEPROME y el Vatican Safeguarding Taskforce, en alianza con el CCP, el CELAM, la CLAR, diferentes Conferencias Episcopales y grupos de investigación de América Latina que se ocupan de analizar los temas relacionados con el abuso sexual de niños, niñas, adolescente y adultos vulnerables.

La prevención del abuso sexual en la Iglesia latinoamericana es el tema que abordaron, desde una mirada interdisciplinaria, los expositores del Seminario Web que se realizó este viernes 31 de julio a las 10:00 am (Hora de Chile continental) vía Zoom y Facebook Live. Este webinar es un esfuerzo coordinado por CEPROME, el Vatican Safeguarding Taskforce, en alianza con el CCP, el CELAM, la CLAR, diferentes Conferencias Episcopales y grupos de investigación de América Latina que se ocupan de analizar los temas relacionados con el abuso sexual de niños, niñas, adolescente y adultos vulnerables.

El seminario fue dividido en cuatro módulos, partiendo con las intervenciones del arzobispo de Malta, Charles Scilcluna y el sacerdote jesuita, Hans Zollner. Mons. Scicluna destacó la importancia de la escucha empática de las personas que han sido víctimas de abuso, esto implica “la posibilidad de comprender no solo el sufrimiento de la víctima, sino también el sufrimiento con la víctima”. (…) “La experiencia que tuve, personalmente, cuando conocí a tantas víctimas de abuso sexual, siempre me ha dejado una señal profunda en mi alma, como pastor, como sacerdote, pero también como hombre. Debemos escuchar a la víctima porque podemos entender cuan grande es el trauma y cuan grande es el flagelo del abuso sexual. Escuchar a la víctima nos cambia a medida que escuchamos”, señaló.

El padre Zollner, por su parte, profundizó en la necesidad de generar un cambio espiritual a partir de los casos de abuso sexual cometidos por clérigos. Para avanzar en este sentido, planteó dos preguntas, desde su punto de vista, indispensables “¿Estamos realmente arrepentidos?, ¿Estamos dispuestos a pagar la reparación justa?”. La centralidad de estos cuestionamientos se basa en la comprensión de la fe católica comunitaria, en la que todos realmente nos sentimos responsables de lo ocurrido. Al igual que Mons. Scicluna, Zollner también valoró la escucha de las víctimas: “No escuchando a las víctimas, no hemos escuchado a nuestro Señor que ha sufrido con ellas”.

En el segundo módulo participaron el trabajador social laico, Andrew Azzopardi y el padre Jordi Bertomeu. Andrew Azzopardi se refirió a la necesidad de generar un cambio cultural al interior de la Iglesia, que apunte a una cultura de la protección. “cuando envío a mis hijos a participar de las actividades de la Iglesia quiero estar seguro que están a salvo. Para que esto suceda la Iglesia necesita generar una cultura de prevención, que influya en cada persona, que entre en contacto con ella en su trabajo pastoral. (…) Todos los que conforman la Iglesia. “sacerdotes, religiosos, empleados y voluntarios, necesitan tener un objetivo en común, cumplir su misión divina en el mundo mientras protegen el bienestar de los niños y adultos vulnerables”.

El padre Bertomeu analizó en su presentación diversos elementos del Vademecum publicado por el Vaticano, recientemente. El sacerdote valoró, en particular, el carácter de esta herramienta: “Podemos aplaudir la voluntad del Papa de ofrecer este manual, como un ulterior instrumento para que facilite la persecución de los abusos sexuales de menores cometidos por clérigos, que tanto dolor, tanto descrédito y tanta vergüenza han causado en la Iglesia. No es un documento novedoso por lo que contiene, (…) es novedoso porque expone este cambio de mentalidad tan necesario en la Iglesia. Para que la Iglesia, sea lo más pronto posible, un lugar justo para las víctimas. Una sociedad con unas relaciones más sanas entre sus miembros, y que por tanto pueda ser ejemplar en la sociedad, en todo el mundo. Y, sobre todo, un espacio seguro para la infancia y la juventud”.

El tercer módulo estuvo a cargo de la psicóloga laica, Josefina Martínez y el sacerdote, director de Ceprome, Daniel Portillo. Josefina Martínez centró su presentación en la experiencia adquirida en la atención a víctimas, junto con su participación en diversos organismos dedicados a la prevención abusos sexuales al interior de la Iglesia. En su relato aseguró: “Nos anima sentir que debemos estar a la altura de quiénes fueron víctimas, que en nuestro país han alzado la voz con dolor, firmeza y valentía”, señalando la importancia de abordar el abuso sexual eclesial: “¿Por qué es necesaria esta verdad? ¿Qué sentido tiene encarar el horror? ¿Por qué es fundamental sostener un malestar, la indignación que nos producen mirar la realidad del abuso cometido en ambientes eclesiales? Yo podría decir que casi la totalidad de los sobrevivientes que se acercan a la Iglesia a denunciar un abuso repiten la expresión “para que nunca más”, conmueve. Todos ellos afirman con fuerza la necesidad de verdad, para asegurar que no vuelvan a repetirse episodios de tanta angustia y oscuridad”.

El padre Portillo reflexionó en torno al alcance de la prevención en las Iglesia Latinoamericana, señalando que, en la actualidad, “le corresponde a la Iglesia reconocer con pesar sus negligencias, revisar su cercanía en las situaciones humanas más trágicas, valorar si su actual misión en el mundo llega a proteger a la feligresía o, por el contrario, se muestra pasiva ante los actos de injusticia sobre la dignidad humana. Para la Iglesia, “la prevención del abuso sexual no es una cosa secundaria, debería estar en la médula de su misión evangelizadora”, concluyó.

El cuarto y último módulo de esta instancia, que contó con un gran número de personas conectadas a través de Zoom y Facebook, comenzó con la presentación del arzobispo de Mendoza, Sergio Buenaventura, quien ofreció su mirada en relación al ministerio episcopal y la prevención, haciendo hincapié en que “el cuidado de los más vulnerables, constituye parte fundamental de nuestro ministerio como obispos. Siempre lo ha sido, pero hoy interpela con más fuerza nuestra conciencia. Me interesa subrayar este aspecto: la buena salud del cuidado pastoral del rebaño es directamente proporcional a la buena salud de nuestro ministerio episcopal. La crisis de los abusos es una crisis del ministerio pastoral de los obispos. Así como el abuso sexual no es solo un problema de tal o cual clérigo -sino que revela una disfunción más o menos profunda en el modo de vivir el ministerio- así también las sistemáticas fallas en la respuesta a los abusos, sacan a la luz un modo deficiente de ejercer nuestro ministerio episcopal. Es imprescindible confrontarnos con esta realidad, identificando los mecanismos que han dado lugar a estos fallos”.

La última expositora fue la hermana María Rosaura González, parte de la Comisión de Cuidado y Protección de niños, niñas, adolescentes y adultos vulnerables de la Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos. En su ponencia señaló: “El horizonte de la prevención es la creación de una nueva cultura relacional que consolide “la cultura del buen trato” en la Iglesia. Es decir, donde haya un religioso, una religiosa, un miembro de la Iglesia tiene que ser un lugar seguro para los niños y niñas”.

Fuente: Comunicaciones CECh
México, 31-07-2020

31 DE JULIO: SEMINARIO WEB SOBRE PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL EN LA IGLESIA LATINOAMERICANA

Prensa CELAM. La prevención del abuso sexual en la iglesia latinoamericana es el tema que abordará el Seminario Web previsto para el 31 de julio a las 9:00 am (Hora de México).

Este webinar es un esfuerzo coordinado por CEPROME, el Vatican Safeguarding Taskforce, en alianza con el CCP, el CELAM, la CLAR, diferentes Conferencias Episcopales y grupos de investigación de América Latina que se ocupan de analizar los temas relacionados con el abuso sexual de menores.
Así este seminario web constituye una reflexión interdisciplinar a partir del Vademécum publicado por la Congregación para la Doctrina de la fe como un manual de instrucciones para guiar a los encargados de investigar la verdad cuando un menor de edad es abusado por un miembro del clero.

Los expositores

El encuentro se realizará a través de la plataforma zoom y será transmitido a través del Fanpage de Facebook de CEPROME y el CELAM.

En la moderación del evento estará la licenciada María Inés Franck; de la Conferencia Episcopal Argentina y el Consejo Pastoral para la Protección de los Menores. Como expositores participarán:

– Monseñor Charles Scicluna; Arzobispo de Malta y miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe. (Malta)
– Monseñor Sergio Buenanueva; Coordinador del Consejo Pastoral para la protección. (Argentina)
– Dr. Hans Zollner; Presidente del Centre for Child protection de la Pontificia Universidad Gregoriana, director y profesor del Instituto de Psicología en la misma universidad. (Alemania)
– Mtra. María Josefina Martínez Bernal; Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento de víctimas de la Conferencia Episcopal de Chile. (Chile)
– Andrew Azzopardi; Vatican Safeguarding Taskforce. (Malta)
– Jordi Bertomeu Farnós; Congregación para la Doctrina de la fe. (España)
– Dra. María Rosaura González Casas; Instituto de Psicología de la Pontificia Universidad Gregoriana.(México-Italia)
– Dr. Daniel Portillo Trevizo; Universidad Pontificia de México. (México)

“La prevención es un compromiso y una responsabilidad de todos“

ORIHUELA-ALICANTE IMPULSA UN PLAN INTEGRAL DE PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN CONTRA EL ABUSO

El obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui, y la «Comisión diocesana para la protección de menores y adultos vulnerables» han diseñado un plan integral articulado para la prevención e intervención del abuso que se iniciará el próximo curso 2020-2021. El planteamiento inicial parte de que la Iglesia no puede actuar solo cuando hay un caso de abuso sexual, sino que de una forma proactiva debe tomar todas las medidas operativas y espirituales para proteger a las personas y prevenir cualquier forma de abuso de conciencia, poder o sexual, evitando el encubrimiento. Por eso, este plan integral desea ser una herramienta para la renovación de la vida eclesial diocesana: revitalizando la identidad cristiana personal y de las comunidades, y favoreciendo una vivencia equilibrada de relaciones maduras desde el Evangelio.

Si bien el plan está dirigido al ámbito eclesial, quiere también incidir y servir de ayuda a la sociedad ante la grave plaga del abuso. Este plan abarcará a todos los sectores de la diócesis: clero, seminaristas, familias, agentes pastorales, colegios, parroquias, vida consagrada, asociaciones… y se basa en dos fundamentos: la prevención y la intervención, para generar «una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse» (Francisco, Carta al Pueblo de Dios, agosto de 2018).

Para el curso 2020-2021, se ha previsto iniciar:

  1. Campañas de sensibilización sobre la gravedad de los abusos y la dolorosa experiencia de las víctimas, para potenciar una cultura de relaciones libres, maduras y sanas.
  2. Itinerarios de formación, con la colaboración y asesoramiento del «Centro para la protección de menores» de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Estas experiencias formativas tendrán diversas modalidades: a) curso básico o inicial, por el que progresivamente pasarán el clero, agentes pastorales y educativos, etc.; b) cursos especializados (formadores del Seminario, pastoral juvenil, etc.); c) conferencias y talleres de sensibilización e información; y d) recursos educativos para la infancia y adolescentes.
  3. Implantación de un Sistema de entorno seguro en todos los ámbitos pastorales y entidades de la Diócesis, que sea eficaz para detectar el abuso, favorecer la denuncia y promover la protección y prevención de abusos.
  4. Difusión y puesta en marcha de la asociación PREVYAC para prevenir y actuar ante cualquier abuso, sobre todo, como ayuda y asistencia a las víctimas.

CONFERENCIA EPISCOPAL COLOMBIANA PROMUEVE DIPLOMADO DE CEPROME

La formación virtual, ofrecida por el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME) de la Pontificia Universidad de México, con el apoyo del Consejo Latinoamericano CEPROME, se desarrollará del 20 al 31 de julio.

El diplomado, dirigido a comisiones nacionales, diocesanas y congregacionales de protección de menores y personas vulnerables, será orientado por profesores, especialistas en el tema, provenientes de Argentina, Chile, México, Colombia y España.

 “La seriedad y el profesionalismo de CEPROME, de la Pontificia Universidad de México y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, aseguran que el Diplomado adopte una visión cristiana del ser humano e intenta dar respuesta integral al reiterado llamado del Papa Francisco de erradicar de la Iglesia y del mundo el flagelo de la violencia y los abusos sexuales”, señalan los organizadores.

Temáticas que abordará la formación:

– El abuso sexual en la Iglesia: Contexto histórico
– La respuesta de la Iglesia desde los últimos pontificados y documentos normativos
– Nociones generales y presupuestos básicos
– Comisión de protección de menores: estructura y conformación
– Abordaje jurídico secular
– Abordaje jurídico canónico
– Aportaciones desde la psiquiatría y la psicología
– Recepción del informe
– Acompañamientos y procesos
– La cultura de la protección: Misión de la comisión
– La formación permanente de la comisión

Inscripción:

Las personas interesadas deben ser presentadas por la respectiva autoridad eclesiástica y realizar su inscripción a través de: https://bit.ly/38aw1y4

Costos:
$2,000 MXN (pesos mexicanos)
$90 USD (dólares americanos).

Mayor información:
https://bit.ly/3ieRNVW

Episcopado de EU no maquilla ni elude: “Han aumentado denuncias de abuso”

Washington DC, EU.- El secretariado para la Protección de Niños y Jóvenes de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) publicó su informe anual  2018-2019 sobre los “Descubrimientos y recomendaciones durante la implementación de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes”, el cual no elude ni maquilla ninguna cifra: se reportaron 4 mil 434 nuevas denuncias presentadas por 4 mil 220 personas adultas; 37 denuncias con casos de menores y se ofreció asistencia a mil 851 víctimas y familiares que denunciaron abuso sexual por parte de clérigos norteamericanos.

Francesco Cesáreo, director del secretariado, explica en su reporte: “Este informe anual revela las preocupaciones que fueron evidenciadas en años anteriores: la cuestión del cumplimiento. Continuamos viendo la falta de publicación de los informes y procedimientos en los distintos idiomas en que se celebra la liturgia, mal administración de los registros y verificación de los antecedentes, falta de Juntas de Revisión Diocesanas; no actualizar las políticas y procedimientos”.

“Estas preocupaciones requieren atención; pues aunque no es generalizado, el hecho de que entre el 25 y 30% de las diócesis presentan estas fallas recurrentes evidencian la falta de diligencia que pone en riesgo la seguridad de los niños… y si una diócesis está en riesgo toda la Iglesia lo está”.

El reporte está sustentado en el trabajo de StoneBridge Business Partners, una consultoría especializada de Nueva York que provee un amplio servicio de auditoría en todas las diócesis y eparquías católicas de Estados Unidos; el reporte también incluye una encuesta conducida por el Centro de Investigación Aplicada para el Apostolado (CARA).

“Quiero expresar la profunda pena de los obipos por nuestras fallas pasadas y por el daño que fue provocado a las víctimas y a sus familias. Rezo para que juntos, a través de esfuerzos permanentes, podamos continuar trabajando hacia el fin del azote del abuso sexual contra menores, no solo en la Iglesia católica sino en toda nuestra sociedad”, escribe el arzobispo de Los Ángeles y presidente de la USCCB, José Gómez.

Desde 2002, la Iglesia norteamericana ha publicado estos reportes (esta es su decimoséptima edición) y busca comprender y atender las denuncias de abuso sexual contra clérigos y miembros laicos en la Iglesia católica.

“A partir de todos los errores de nuestro pasado, las diócesis católicas del país hemos trabajado para establecer políticas y programas orientados a la protección de los jóvenes y para crear ambientes seguros en nuestras parroquias, escuelas y otros ministerios -continúa Gómez- y, como resultado de estos esfuerzos, los cuales no pueden ser posibles sin el apoyo de valientes sobrevivientes de abusos y el compromiso de decenas de miles de laicos profesionales y voluntarios, ahora son inusuales los nuevos casos de malcomportamiento de sacerdotes con menores implicados en la Iglesia católica de los Estados Unidos”.

En el reporte que abarca de julio del 20018 a junio del 2019, se confirma que 4 mil 220 adultos realizaron 4 mil 434 denuncias contra sacerdotes; comparadas con las del año prescendente “el número de denuncias se incrementó significativamente -reconoce la propia USCCB- debido en parte a nuevas denuncias que se añadieron durante los juicios, programas de indemnización y procedimientos de quiebra en curso”.

El informe también revela que se interpusieron 37 denuncias de abusos cometidos contra menores de edad: “de las cuales 8 denuncias han sido comprobadas, 7 se declararon infundadas, 6 no cuentan con pruebas suficientes y 12 aún se encuentran en investigación”. De estas denuncias tamibén se aclara que tres son relativas a órdenes religiosas y una más tuvo que ser referida a otra diócesis.

Durante el mismo período, las diócesis y eparquías norteamericanas ayudaron y dieron apoyo psicológico a mil 138 nuevas víctimas y a sus familias. Junto con ellas, se siguió prestando asistencia a mil 851 víctimas y familiares que habían denunciado abusos en auditorías anteriores.

En 2019, se realizaron más de 2.6 millones de verificaciones de antecedentes del clero, el personal y los voluntarios que trabajan para la Iglesia. Además, 2.6 millones de adultos y 3.6 millones de niños y jóvenes participaron en programas de información y sensibilización para ayudar a reconocer y denunciar casos de abusos.

El informe aclara que StoneBridge Business Partners, visitó y auditó 64 diócesis y compiló información de 130 oficinas diocesanas, además apunta que la diócesis de Oakland, la archieparquía ucraniana de Filadelfia y la diócesis sirio-malabar de Santo Tomás no cumplieron con los requisitos de la auditoría. Finalmente, las eparquías de Santa María de la Paz, San Pedro Apóostol y San Nicolás de Chicago no participaron en la revisión.

INFORME 2019: Reporte anual de la implementación de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes

COMUNICADO: IGLESIA DE COSTA RICA PUBLICA LÍNEAS-GUÍA Y COMISIONES PARA CASOS DE ABUSO SEXUAL

Comunicado de la Comisión Nacional de Protección de Menores y de Adultos en Vulnerabilidad.

Iglesia de Costa Rica publica Líneas-Guía y Comisiones diocesanas para casos de abuso sexual. 1 de junio 2020.

La Comisión Nacional de Protección a Menores y Adultos en Vulnerabilidad (CONAPROME) de la Conferencia Episcopal de Costa Rica publica para todas las diócesis del país el Protocolo o las Líneas-Guía para la actuación en casos de abuso sexual a menores o adultos en vulnerabilidad por parte de clero y consagrados.

El Papa Francisco, en su deseo de proveer a la Iglesia universal de instrumentos que ayuden a erradicar, de modo determinante, de la vida de las comunidades eclesiales el terrible flagelo que implica todo tipo de abuso y, en particular, contra los más pequeños e indefensos, determinó en su Carta Apostólica, en forma de “motu proprio” VOS ESTIS LUX MUNDI (Vosotros sois la luz del mundo), promulgada el 7 de mayo 2019, que tras de su entrada en vigor todas las diócesis de la Iglesia universal deberían tener y dar a conocer a los fieles y a la sociedad en general uno o más sistemas estables y fácilmente accesibles al público para presentar informes o denuncias fundadas sobre situaciones de abuso contra personas menores de edad o en estado de vulnerabilidad, que se pudieran haber dado o estar sucediendo por parte de sacerdotes, religiosos o consagrados.

Este 1 de junio 2020 se cumple la fecha establecida por el Papa Francisco para la entrada en vigor, en toda la Iglesia Católica, de este documento, que pide en tener listos los mencionados mecanismos y procesos para realizar denuncias de abuso sexual contra menores y adultos en vulnerabilidad en todas las diócesis del mundo y nuestro país no es la excepción. Por esta razón, y en esta especial fecha, CONAPROME publica no solo el Protocolo que contiene las Líneas Guía, aprobadas por los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, desde diciembre 2019, sino también la integración de las comisiones diocesanas que estarán atendiendo estos casos y denuncias.

Monseñor José Manuel Garita, obispo de Ciudad Quesada es quien preside CONAPROME, y al respecto de esta publicación comenta “La comisión ha venido trabajando en estas Líneas Guía y en códigos de conducta que aplicarán para todo el país. En enero 2020 enviamos dos miembros de la comisión a una formación específica sobre este tema a México y ahora vamos hacia un fuerte trabajo de aplicación del protocolo y de prevención para el abuso sexual en todos los ambientes de la Iglesia costarricense, así como también hacia la conformación y trabajo conjunto con las comisiones diocesanas”.

Los Obispos de Costa Rica están comprometidos con la erradicación de este mal que afecta a todas las estructuras de la sociedad, pero que, de manera muy particular y decidida, debe ser corregido y erradicado sin demora en la Iglesia. Con este Protocolo se busca instaurar ambientes sanos y seguros que garanticen el cuidado y desarrollo de todos los que participan en la Iglesia y especialmente de los menores y más vulnerables.

“Es importante dar una respuesta inmediata ante los casos de denuncia que se presenten en esta materia, sabiendo que las víctimas son la prioridad, ejecutando todos los procedimientos con transparencia absoluta, tolerancia cero y evitando cualquier tipo de manifestación de secretismo u obscuridad en el proceso”, agregó Monseñor José Manuel Garita Herrera.

El principal objetivo de estas Líneas Guía, con relación con las personas ofendidas, es brindarles la protección necesaria y el acompañamiento debido. Con relación al sacerdote o consagrado (a) que ha sido acusado (a), se le debe orientar para que pueda asumir responsablemente las consecuencias de su pecado y delito, a fin de enfrentar tanto la ley civil como canónica, según sea el caso, y emprender un proceso de sanación, perdón y conversión como lo pide el Papa Francisco: “erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual de menores y abrir un camino de reconciliación y curación para quien ha sufrido abusos, garantizar la protección de los menores y adultos vulnerables y dar respuesta de justicia y misericordia” (Homilía, 2 de febrero de 2015).

Asimismo, “Con este protocolo se da un paso importante hacia la prevención de abusos de todo tipo en la Iglesia local, de tal forma que será en adelante un trabajo conjunto de todos: laicos, religiosos, sacerdotes, comunidades y obispos. Todos comprometidos con este mismo fin, solo así lograremos realmente proteger a nuestros menores y adultos en vulnerabilidad” ha expresado también el Lic. Juan Carlos Oviedo, Psicólogo de CONAPROME.

(7) CONVERSIÓN Y PREVENCIÓN: CRISTOPHER CORTÉS

CONVERSIÓN Y PREVENCIÓN

Una mirada desde la Teología Bíblica

La Cuaresma que estamos a punto de concluir conlleva en su centro una llamada al encuentro con Cristo, ante el cual no caben las máscaras o los escondites, sino la realidad de nuestras vidas necesitadas de su salvación, de su gracia y de su misericordia.

Hace ya más de un año que como Iglesia hemos participado en la realización del encuentro de la – así llamada por la Prensa – “Cumbre antiabusos en el Vaticano”, cuyo nombre propio fue “La Protección de los Menores en la Iglesia, al que fueron convocados principalmente los Obispos que presiden las Conferencias Episcopales de cada país o región. Allí, a través de un ambiente de oración, de la exposición de los datos respecto a los abusos en la comunidad eclesial, de la escucha del testimonio dolorosísimo de las víctimas y del reconocimiento sincero de la realidad eclesial surgida del pecado y de una actitud hipócrita y corrupta, todos fuimos llamados una vez más a convertirnos y creer en el Evangelio.

Si bien es cierto que han surgido diversos frutos de este Encuentro, entre los que se hallan los Documentos Pontificios como la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio “Ustedes son la Luz del Mundo” (Vos estis Lux mundi), la Introducción de modificaciones a las Normas sobre los delitos más graves, las Normas emanadas de Cada Conferencia Episcopal, la creación o continuación de la sección para la atención de los casos de abuso en las Diócesis y Provincias eclesiásticas, el surgimiento de talleres, diplomados y demás instancias de formación para los Miembros de estas Comisiones a nivel diocesano, nacional e internacional, todo esto no debe llevarnos al espejismo de creer que es lo único o lo principal que puede y debe hacerse para remediar estas terribles situaciones, sino que estamos llamados a una solución progresiva, profunda y constante, por medio de la cual no nos conformemos ni nos demos por satisfechos.

Aunque muchas veces suene trillado, sin embargo la solución en labios de Cristo sigue siendo metanoeite kai pisteuete en tw euaggeliw (Marcos 1, 15), que solemos traducir como “Conviértanse y crean en el Evangelio”. Pero ¿Qué significan estas palabras? Y ¿Qué consecuencias buscan tener para nuestras vidas? Sobre todo, cuando se ha llegado a pensar que el Evangelio ha sido la causa de estos abusos o de las actitudes que los propiciaron.

Nada más errado que hacer del Evangelio la raíz causante de los abusos en la Iglesia, pues la Buena Noticia de Jesucristo en ninguna parte admite el abuso como una actitud propia de un discípulo de Jesucristo y la conversión no admite tampoco que pueda llamarse bien al mal o que, en nombre de la misericordia de Dios, se ocupe ésta como una capa que maquilla la corrupción de los corazones sordos, endurecidos e incrédulos.

Metanoueite es un verbo compuesto que, en su singularidad, conlleva la superación de un modo estancado de existencia a una dinamicidad que implica comenzar un proceso íntegro y profundo de toda la persona. Si bien es cierto que en la idiosincracia grecorromana, la palabra nouz (mente) indica el interior del ser humano y en el hebreo esto se designa con la palabra bl  ((leb) que significa corazón, pero no simplemente en el sentido físico del órgano corporal, sino como signo de lo que mueve al hombre en sus convicciones más profundas, en consecuencia, la llamada de Cristo es una provocación, un llamado, a una transformación profunda que no puede ser producida a través de simples restricciones o permisivismos, sino mediante la docilidad del ser humano que reconoce que sólo puede ser hecho nuevo  y vencer la fuerza del pecado mediante la acción creadora y amorosa del Padre quien nos regenera por la Muerte y Resurrección de Cristo y nos alienta con vida nueva por su Espíritu Santo.

Por tanto, la raíz de todo abuso en la Iglesia no es la acogida del Evangelio, sino el rechazo de Dios, de su Palabra, de su salvación, de su misericordia y – aunque nos duela decirlo – es la consecuencia de un corazón sordo que, en el colmo de su corrupción, se atreve a manipular la Palabra de Dios para convertirla en instrumento de admiración personal, pero no en fuente de conversión personal, pastoral y eclesial.

Por eso, la afirmación de san Pablo sobre lo que es el Evangelio, hoy resuena con mayor intensidad: “No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para el que cree” (Rm 1, 16). Sólo esta fuerza de Dios tiene la capacidad de lograr la auténtica conversión que como Iglesia requerimos y de la cual brotará una prevención auténtica, que no se reduzca a leyes y acciones humanas e institucionales, sino que en constante espíritu de fidelidad a Cristo, esté siempre más y más dispuesta a ser “Comunidad de los que han abrazado la fe” (Hch 2, 42”) y nunca más hacer de ella “Cueva de ladrones” (Mt 21, 13).

Por tanto, sólo una prevención que nazca de una constante conversión puede producir auténticos frutos de vida nueva para la Iglesia y el mundo, pues es la condición básica desde la cual los bautizados podemos responder a nuestra vocación de ser” Sal de la Tierra y Luz del Mundo”  (Cfr. Mt 5, 13 – 16) a fin de nunca más volver a opacar la Luz de Cristo ni su acción  transformadora, sino manifestar que Él – efectivamente – hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5).

Pbro. Cristopher Cortés Pliego

Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, México

Doctorando en la PTH Sankt Georgen, Frankfurt am Main, Alemania

(1) LOS LÍDERES SE CONOCEN EN TIEMPOS DE PANDEMIAS: DANIEL PORTILLO

Los líderes se conocen en tiempos de pandemias

Daniel Portillo Trevizo

Director de CEPROME

La historia resulta el mejor libro de aprendizaje para el ser humano. En ella se encuentra una variabilidad de crisis y una amplia gama de respuestas de frente a las mismas. Incluso, algunas recientes problemáticas pueden abonar a la comprensión de aquellas ocurridas anteriormente. Las crisis siempre resultan un espacio privilegiado de discernimiento y una oportuna elección de decisiones. El papa Francisco, en su carta dirigida a los obispos estadounidenses en 2019, les señalaba:

“Como lo había profetizado el anciano Simeón, los momentos difíciles y de encrucijada tienen la capacidad de sacar a la luz los pensamientos íntimos, las tensiones y contradicciones que habitan personal y comunitariamente en los discípulos (Cf. Lc 2, 35). Nadie puede darse por eximido de esto; estamos invitados como comunidad a velar para que, en esos momentos, nuestras decisiones, opciones, acciones e intenciones no estén viciadas (o lo menos viciadas) por estos conflictos y tensiones internas y sean, por sobre todo, una respuesta al Señor que es vida para el mundo. En los momentos de mayor turbación, es importante velar y discernir para tener un corazón libre de compromisos y de aparentes certezas para escuchar qué es lo que más le agrada al Señor en la misión que nos ha encomendado. Muchas acciones pueden ser útiles, buenas y necesarias y hasta pueden parecer justas, pero no todas tienen «sabor» a evangelio”.

Toda crisis tiene su propio trayecto, compuesto de fases concretas que impulsan a los involucrados a recorrer una travesía que quizá, en sí misma, resulte desconocida y confusa. Más aun, si desde el inicio supiéramos el destino al que nos llevaría la crisis, quizá consentiríamos sin tantas resistencias. Sin embargo, resulta propio de este trayecto la incertidumbre, el dilema de aquello que podría pasar. En su misma terminología, la crisis se podría entender como una coyuntura de cambios en una realidad,que aparentemente se encuentra organizada, pero que en algún momento resulta inestable, sujeta a evolución. Una crisis epidemiológica, como la que actualmente vivimos debido al coronavirus, produce cambios que amenazan la salud de la población entera, particularmente de aquella más vulnerable.

A propósito de esta crisis mundial, me gustaría realizar un paralelismo entre la pandemia del Covid-19 con aquella de los abusos sexuales de menores en la Iglesia católica. Ciertamente, no parecen tan ajenas las dinámicas, los mecanismos y las estrategias que polarizadamente se han implementado en sus respectivos ambientes. Además de dichos datos, resulta importante analizar la figura del líder en una situación de crisis. Por lo cual, será objetivo del presente artículo justificar la importancia del liderazgo en una realidad pandémica. Lo mejor que le pudiera ocurrir a una institución, en una época de crisis, es contar con un verdadero líder que vele por el bienestar de los suyos.

1. La “Pandemia”

Una de las primeras reacciones en situación de pandemia, sin duda, es la negación. Dicho mecanismo defensivo aminora los alcances de la posible tragedia. La omnipotencia se hace presente, haciéndonos sentir que una realidad tal no llegará a nosotros. Por lo tanto, si la primera defensa es la negación, no resultará extraña la fantasía de la “regionalización” del mal, es decir, evidenciar que la maldición es solo de unos cuantos y que ella misma no nos alcanzará. Por ejemplo, cuántas veces escuchamos que el Covid-19 era sólo un mal chino y cuántas veces escuchamos que los abusos sexuales de menores sólo eran males de la Iglesia católica americana. La regionalización sólo nutre la negligencia, puesto que hace ver la maldición a distancia.

Las realidades pandémicas, como la del Covid-19 o la de los abusos sexuales de menores, se esparcieron territorialmente de manera discreta e invisible. Nadie dimensionó que conocería en su propio vecindario a algún infectado; nadie pensó que conocería en su diócesis a algún abusado sexual por parte del clero. Sin embargo, no se entiende la pandemia sólo por el nutrido número de afectados, sino porque ella misma rompe fronteras, no respeta visas ni banderas, ninguna persona se puede sentir absolutamente “blindada” de dichos males. Pareciera oportuna la imagen del turista que, adentrado en la playa, no dimensiona la fuerza y la altitud de las olas, pensando que, por ser un buen nadador, no se verá afectado por la fuerza natural de las olas.

Cualquier maldita realidad en la sociedad y en la Iglesia resulta más grave, cuando sus respectivos líderes no logran dimensionar el mal; más aún, cuando quienes padecen la ceguera son ellos mismos. Por tanto, cualquier epidemia necesita de personas negligentes, no-líderes, que teniendo en sus manos la vida de otros, cometen graves omisiones, acrecentando el riesgo de su población y poniendo en riesgo a los más vulnerables.

En el tiempo de pandemia, la sociedad y la Iglesia se desnudan; sus verdaderos valores y motivaciones se evidencian. Resulta imposible que las mezquinas acciones de un supuesto líder se mantengan en un tiempo de crisis. Los platónicos discursos sociales y pastorales son consumidos por el virus. Los proyectos cosméticos y proselitistas se desvanecen. En el tiempo de epidemia ya no hay espacio para las permanentes campañas de los pseudo-líderes. Si algo “positivo” pudiera traer el virus es la forzosa discriminación de aquellos, que jurando hacernos el bien, por su negligencia, nos han hecho un mal. Efectivamente, los verdaderos líderes, sin duda, germinan en tiempos pandémicos, los no-líderes terminan devastados.

2. La respuesta institucional

Los miembros de una nación y aquellos pertenecientes a la Iglesia se sentirán confiados cuando las mismas instancias sean capaces de custodiar su integridad. Hace cuatro décadas, en el inicio de la pandemia eclesial de los abusos, los laicos experimentaban la desconfianza de pertenecer a una Iglesia que no fuera capaz de cuidarlos. Aunque dicha reacción, prevalentemente, era de manera general, aún al día de hoy encontramos esa misma desconfianza, sobre todo en la feligresía de aquellas diócesis y congregaciones que no han establecido un elemental sistema de cuidado y protección. Toda pandemia acrecienta y aminora los recursos y los valores institucionales. Una diócesis que, de frente a esta pandemia de los abusos sexuales, establezca elementales protocolos y rutas de acción, acrecienta la confianza de su feligresía. Así también, un obispo encubridor y negligente aminora la fe de las víctimas y sus familiares.

De frente a la epidemia, cualquier instancia está obligada a actuar, suponiendo que su actuación será por el bienestar de los suyos, particularmente de los más vulnerables. La adecuada respuesta institucional de frente a la pandemia, es una manifiesta carta de confiabilidad que se extiende a su población. Naturalmente, las personas desconfían y se desconciertan cuando escuchan de su propio líder una indicación contraria a aquella instrucción global. Por ejemplo, no resulta extraña la indignación y rabia de la población social o eclesial cuando escuchan, por parte de su líder, las necesarias “matemáticas de actuación”, es decir, el suficiente número de afectados o abusados para poder actuar. Para un no-líder reaccionar institucionalmente por los “mínimos” no resultaría redituable para la institución.

La pandemia resulta un tiempo y espacio fundamental para el fortalecimiento institucional. Cualquier institución, como aquella política y eclesial, podría ver, en esta trágica realidad, un adecuado momento para volver a su origen, desempolvarse de aquellas dinámicas de corrupción que opacaron su esencia. La Iglesia y las instancias políticas se encuentran en un momento idóneo para volver a su origen, así como al fin por el cual existen, es decir, el servicio.

3. El liderazgo, el antivirus de una pandemia

¿Qué factor puede hacer que una nación o una diócesis en tiempo epidémico no llegue a la ruina? El líder. Este representativo personaje social y eclesial es capaz de nutrir nuestra esperanza, de contener nuestras angustias y de reducir nuestros miedos. La cardinal vocación del líder es la del cuidado y la protección. El líder es (existe) para proteger. Por lo cual, un verdadero líder se conoce por las necesarias y elementales medidas de prevención para su población. No es extraño que líderes en la Iglesia, como el Papa Francisco, o en la política, como el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con sus respectivos discursos dentro de sus realidades pandémicas, acrecienten la confianza y la tranquilidad de sus seguidores.

Por otro lado, los no-líderes o aquellos contrarios a su vocación de servicio resultan productores de la negación. En los ambientes en donde hay ausencia de liderazgo, hay nutrida presencia de negligencia. Además, se evidencia un no-líder cuando su postura resulta contraria a la realidad, cuando la pandemia es producto paranoico de todo el resto de la sociedad y las consecuencias no son tales, como ingenuamente señalan los medios de comunicación. La omnipotencia de pensar que yo controlo la epidemia y la paranoia de señalar que todos están equivocados y están en mi contra, no son sino dos de los principales síntomas de un crónico narcisismo. El patológico narcicismo no permite dimensionar las consecuencias de las negligencias.

Creo que no resulta necesario ser perito en alguna ciencia para darse cuenta que cuando un líder no protege a aquellos que la sociedad o la Iglesia le confían, traiciona su propia vocación de servicio. Por ejemplo, hace pocos días las alertas de seguridad se activaron en distintos escenarios, inmediatamente, llamó mi atención la reacción de aquellos que debían ejecutar las acciones en favor de su gente. Desde los más altos jerarcas que se resistían a restringir la celebración eucarística, hasta los más altos políticos que motivaban a los ciudadanos a continuar saliendo a las calles; ambas realidades, con poca responsabilidad hacia las personas. Resultaba absurdo escuchar al jerarca que veía como solución a la pandemia la multiplicación de las misas, como al político que motivaba a la población a ofrecerse abrazos.

Sin afán de caer en absolutismos, considero que no sería tan desproporcional la lógica de que aquellos jerarcas que actuaron responsablemente a favor de su feligresía, con la prescripción del precepto dominical y la exhortación a “quedarse en casa”, fueran los mismos que están dispuestos a proteger y actuar de manera inmediata, en cualquier posible evento de abuso sexual en su diócesis. Contrariamente, los jerarcas más resistentes a la cuarentena y al aislamiento social podrían padecer de procrastinación, es decir, adolecer de una elemental actuación en los posibles casos de abuso. Aplíquese la misma lógica con aquellos políticos que, pudiendo prevenir a tiempo, osan de una arrogante omnipotencia.

Conclusión

Sea en la sociedad que en la Iglesia, cada una con sus respectivas epidemias, lo mejor que le pudiera ocurrir a las mismas es contar con la presencia de personas líderes, las cuales, por su ejemplo y palabra, contribuyen al cuidado y la protección de la feligresía. Un verdadero líder se conoce por la prevención. El cuidado y la protección hacia los suyos son muestras no sólo de su vocación de líder, sino la responsabilidad que supone su oficio para bien de las personas. Los mejores líderes se conocen en tiempos de pandemias.